En una parte de los casos (más frecuentemente en las mujeres), comienza a desarrollarse paulatinamente una espectativa ansiosa de temor a sufrir las crisis, un miedo a sufrir ataques. Este síntoma va confinando paulatinamente a los pacientes a sus domicilios o en otros casos graves, a sus habitaciones. El paciente que sufre agorafobia, deja de salir solo a la calle, por gran temor a descomponerse, y si se ve obligado a hacerlo, va pensando postas o lugares de seguridad donde pueda refugiarse en caso de sobrevenir el ataque. Si es forzado a concurrir a un restaurante, cine o lugar público, se sienta cerca de la puerta o del baño, para poder huir o refugiarse sin ser visto. Generalmente su vida se transforma en un drama, su calidad de vida y la de su familia decaen notablemente.