Prólogo
__El
presente libro ofrece un comentario a las lecturas dominicales y festivas
proclamadas en la acción litúrgica del ciclo A.
__Es
en esta acción litúrgica donde tiene lugar un diálogo
personal de Dios con su pueblo, la Iglesia; por eso, la liturgia constituye
un momento privilegiado de actualización y vivencia de la revelación.
__En
la acción litúrgica, el Señor se hace presente
en su comunidad con su Palabra y sus Sacramentos. Ya desde los primeros
testimonios (cfr. Hch 20, Lc 24, y luego Justino hacia el 150, en su
Apología, I, 65-67), aparece que la comunidad cristiana organiza
su celebración en el día domingo, con las dos partes integradas:
la Palabra y el Sacramento.
__Un
comentario enmarcado en el domingo. El domingo es el día
señorial. Es el nombre que por primera vez da el Apocalipsis
al que hasta entonces se llamaba día primero después del
sábado: o sea, al día en que resucitó Cristo Jesús
(cfr. 1,10). El término domingo viene del latín dominicus,
dominica dies, día del Señor.
__El
domingo es Día de la resurrección salvífica de
Cristo. “Cada semana, en el domingo del Salvador, nosotros celebramos
la fiesta de nuestra pascua” (Eusebio de Cesarea). El concilio
Vaticano II afirma que el domingo “es la fiesta primordial que
debe presentarse e inculcarse a la piedad de todos los fieles”
(SC 106). No en vano el mártir san Ignacio de Antioquia presentaba
a los cristianos como los que viven “según el domingo”.
__En
el domingo, la comunidad cristiana, Cuerpo Místico de Cristo,
recibe su Palabra y su Cuerpo eucarístico.
__Un
comentario enmarcado en la eucaristía.
La eucaristía es el sacramento culmen de los cristianos. Es la
celebración litúrgica central para nosotros: la suma de
toda la liturgia. La eucaristía es el hoy por excelencia del
año litúrgico. Es la pascua semanal.
__La
eucaristía es la comida sacramental en que Cristo Jesús
se da como alimento a su comunidad para hacerla partícipe de
su misma persona gloriosa. Su Cuerpo y Sangre son entregados de una
vez por todas en la cruz, y ahora son entregados en su existencia pascual
escatológica. Comulgamos para hacernos “concorpóreos
y consanguíneos con Cristo, portadores suyos” (san Cirilo
de Jerusalén).
__En
el domingo, día glorioso de la resurrección de Cristo,
en el sacramento de la eucaristía nos nutrimos en comunidad de
las dos mesas de gracia intrínsecamente compenetradas: la Palabra
divina y el Cuerpo del Señor.
__Un
comentario enmarcado en la Palabra de Dios proclamada en comunidad.
“En la liturgia Dios habla con su pueblo; Cristo sigue anunciando
el evangelio. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración”
(SC 33,1).
__La
Biblia debe leerse en comunidad guiada por el Espíritu Santo
(DV 25). La Biblia, ya en sus textos más antiguos, nace de la
liturgia de las asambleas que recreaba la tradición de fe en
los centros o lugares de culto. La asamblea litúrgica es el lugar
elegido por Dios para celebrar el memorial de la salvación. La
proclamación litúrgica de la Palabra en la asamblea es
la actualización salvífica de una Palabra recibida de
la Tradición de la Iglesia y escrita en el sentir de la fe de
la Iglesia y para la vida de la Iglesia.
__En
las lecturas de la eucaristía dominical, que luego desarrolla
la homilía, Dios habla a su pueblo, le descubre el misterio de
la redención y salvación. “Disce cor Dei in verbis
Dei”: aprende el corazón de Dios en las palabras de Dios
(san Gregorio Magno).
__La
Palabra divina es vital para la comunidad cristiana: “La Iglesia
se edifica y crece escuchando la Palabra de Dios” (OLM 7).
__El
pueblo de Dios medita la Palabra, la actualiza, se deja evangelizar
y la aplica a su vida, ayudado por la Tradición de la Iglesia
y por los nuevos aportes exegéticos reconocidos como válidos
y útiles por el Magisterio.
__La
comunidad cristiana, ante todo, escucha esa Palabra de Dios dejándose
convertir y evangelizar a través de ella. La comunidad evangelizada,
a su vez, se convierte en evangelizadora a través de la Palabra.
__Un
comentario enmarcado en la íntima conexión del Antiguo
con el Nuevo Testamento. “Comenzando por Moisés
y continuando por todos los profetas, les fue declarando cuanto se refería
a Él en toda la Escritura” (Lc 24,27). Esto nos indica
que para comprender el significado pleno de la Palabra revelada hay
que meditarla en perfecta simbiosis del Antiguo con el Nuevo Testamento.
El Antiguo Testamento lo leeremos con la clave de la plena revelación
del misterio de Cristo crucificado y resucitado. El Nuevo Testamento
está enraizado en los ricos elementos de la historia de la salvación
del Antiguo Testamento. Lo dijo san Agustín: “En el Antiguo
Testamento está latente el Nuevo, y en el Nuevo Testamento se
hace patente el Antiguo”.
__Un
comentario enmarcado en el año litúrgico. “La
Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo, en días
determinados a través del año, la obra salvífica
de su divino esposo. En el círculo del año desarrolla
todo el misterio de Cristo, desde la encarnación y la navidad
hasta la ascensión, pentecostés y la expectativa de la
dichosa esperanza y venida del Señor” (SC 102).
__Este
comentario tendrá muy en cuenta el momento del año litúrgico,
que es la distribución del tiempo anual como celebración
progresiva en la Iglesia de todo el misterio de la redención
de Cristo.
__Aprovecharemos
la finalidad catequética del año litúrgico, a modo
de repaso pedagógico de los misterios de Cristo, pero no olvidaremos
que el año litúrgico no es una idea sino una persona:
Jesucristo con su misterio redentor, que la Iglesia celebra como memoria,
presencia, gracia y profecía. El en aquel tiempo se convierte
en el hoy de la salvación.
__Un
comentario enmarcado en actitud orante. “Habla, Señor,
que tu siervo escucha” (1 Sm 3,10). Habla, Señor, que tu
comunidad escucha. Nadie puede saborear la voz de Dios si no es por
el don del Espíritu Santo. La actitud interior de escucha, acogida,
silencio orante y apertura al Espíritu Santo es lo más
importante y fundamental.
__Todos
hemos de orar pidiendo la gracia de escuchar sin barreras y de acoger
dócilmente la Palabra; orar para no endurecer el oído
ni el corazón cuando Dios habla. Antes de la lectura, hemos de
orar. Para preparar y escuchar la homilía, hemos de orar. Para
elaborar un comentario bíblico, hemos de orar. Para que la Palabra
dé frutos de salvación, hemos de orar.
__Es
también finalidad de este comentario ser útil al creyente
en su lectura y estudio personalizados de la Palabra de Dios para que
consiga una fructuosa lectio, meditatio y oratio. Y así vendrán
los frutos que anhelaba el cartujo Guigo: “La lectura busca la
dulzura de la vida bienaventurada, la meditación la encuentra,
la oración la pide y la contemplación la saborea”.
__Un
comentario para la vida cristiana. Un comentario no debe quedar
en una bella erudición literaria, retórica o teológica,
ni en letra muerta. Ha de aprovechar la riqueza exegética de
la tradición eclesial y la hermenéutica actual para apoyar
sus fines primordiales: presentar con atracción los misterios
de la salvación, impulsar la acogida del Reino de los Cielos,
recordar la necesidad permanente de la conversión cristiana,
animar a una vida de santidad, urgir a una más plena vida eclesial
en esperanza y amor caritativo, motivar a que cada día seamos
mejores ciudadanos del cielo y de la tierra, auténticos discípulos
misioneros ministeriales.
__“Es
como si la Palabra de Dios tuviera que pasar a las entrañas de
tu alma, a tus afectos y a tu conducta” (san Bernardo).
__Que
el Señor permita que este comentario sea un instrumento de su
gracia.