Comentario Bíblico Dominical

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 

 

Un anuncio que re-crea la vida

“Después de que tomaron preso a Juan, Jesús fue a Galilea y empezó a proclamar la Buena Nueva de Dios. Decía: «El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Cambien sus caminos y crean en la Buena Nueva.»

Mientras Jesús pasaba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme y yo los haré pescadores de hombres.» Y de inmediato dejaron sus redes y le siguieron.

Un poco más allá Jesús vio a Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan, que estaban en su barca arreglando las redes. Jesús también los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los ayudantes, lo siguieron.” (Mc 1,14-20).

 

Jonás, profeta recalcitrante

Todos conocemos algo del libro de Jonás (1ª lectura). Es un relato didáctico sobre el profeta rebelde a su misión. Recordemos el mensaje que repetía por las calles de la ciudad enemiga: “Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada”. La legendaria ciudad de Nínive representaba todo lo más odioso, repugnante y cruel de los opresores de Israel.

El profeta se desconcierta por la reacción de los ninivitas y del propio rey que se mueven a conversión, y se llega a enojar por la actuación misericordiosa de Dios. La idea de un Dios que está dispuesto a mostrar compasión hacia ellos era toda una provocación desafiante para Israel mismo a quien representa el profeta.

A Jonás le hubiera gustado que los ninivitas no se hubieran convertido para que Dios les hubiera mandado el castigo. Además, sólo así se vería él revalidado como profeta.

Ahora bien, no sólo es la misericordia de Dios lo que el autor subraya en su relato sino más bien una cualidad particular de esta misericordia; a saber: que es gratuita e inmerecida, y, sobre todo, que Dios es libre para ofrecerla a personas como los ninivitas.

Frente a Jonás, aparece Jesús. También Él exhorta a la conversión, pero con otro talante: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: conviértanse y crean la Buena Noticia” (Mc 1,15).

 

Un anuncio sorprendente

En este tercer domingo, dentro del ciclo B, iniciamos la lectura del evangelio según san Marcos. La mayor parte de los domingos de este año se leerán perícopas extraídas de este evangelio, el más antiguo de los cuatro que la Iglesia reconoce como canónicos.

El evangelista Marcos contextualiza el relato de la llamada al seguimiento de Jesús por parte de los discípulos.

El Señor viene del desierto, donde ha recibido el bautismo de Juan (cfr. 1,9-11) y ha sido sometido a la tentación (cfr. 1,12-13). El arresto del Bautista parece provocar su traslado a un nuevo escenario (cfr. 1,14). En Galilea, la tierra donde se había criado, Jesús da comienzo a su vida pública.

El precursor fue encarcelado antes de que Jesús empezara su predicación. De esta manera el evangelista establece un corte diferencial entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: con Juan Bautista encarcelado termina el tiempo de la espera; Jesús inaugura los tiempos del cumplimiento y hace un anuncio sorprendente.

 

Se ha cumplido el Kairós

“El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca” (1,15).

El término griego tiempo empleado en el texto evangélico no es chronos sino kairós, que se refiere a un momento caracterizado más por su cualidad que por su cantidad. Tiempo  significativo y en grado sumo decisivo de esos que cambian la vida; tiempo histórico, trascendente.

Desde que David fundó el reino de Israel habían pasado mil años. El pueblo esperaba  el reinado de Dios, que ningún monarca ni nadie habían podido establecer. En el evangelio de san Marcos, las primeras palabras de la predicación de Jesús anuncian una buena noticia para todos los hombres. Se trata del cumplimiento de un tiempo: ha llegado un momento preciso, un instante determinado, una hora fija que todos estaban esperando. Al decir que se ha cumplido, indica que ese momento ya estaba fijado de antemano, providencialmente.

Ha terminado el tiempo de la espera de Israel y de los anuncios mesiánicos de los profetas. Ha concluido el tiempo de la espera del Mesías, con el que se esperaba que Dios interviniera definitivamente en la historia de los hombres. Lo que antes era una promesa es ahora una realidad en la persona de Jesús: el tiempo se ha cumplido.

 

El Reinado de Dios está cerca

¿Qué era el Reino de Dios? En general, para el pueblo de Israel el Reinado de Dios era la gran esperanza. Su deseo vital era que Dios realizara su plan en la tierra sin obstáculos. El pleno cumplimiento de la voluntad del Señor sobre sus criaturas llegaría y vendrían tiempos de paz y felicidad plenas.

Ciertamente que todos en Israel intuían la acción de Dios pero ¿qué conllevaría específicamente ese Reinado de Dios? No se sabía con precisión. Tampoco lo tenían claro los oyentes de Jesús, ni los lectores del evangelio escrito. El Reinado de Dios es Buena Noticia, pero es un enigma, ciertamente no para ser explicado sino para ser mostrado, que va ir desvelando y haciéndose presente a lo largo del evangelio, en la persona, palabras y obras de Jesús. Es más, Jesús es el Reino, la autobasilea, en expresión de Orígenes.

           

Hagan metanoia

“Conviértanse y crean en la Buena Nueva” (1,15).

Junto al anuncio de la Buena Noticia de la llegada del tiempo cumplido en el cual se va a manifestar el reino de Dios, Jesús añade una exhortación: “Conviértanse” (hagan metanoia). Esto indica que el Reino comienza en el interior de cada hombre, en lo profundo del corazón. Su aceptación arrastrará la conversión.

Lo que queda claro es que no se trata sólo de un cambio moral, sino de otro nivel más radical y gozoso: la apertura a una gracia incondicional que desembocará en una transformación (metanoia)  de la mente, corazón, actitudes y acciones de los hombres.

 

Un día apareció un caminante

“Bordeando el mar de Galilea…” (1,16).

Un caminante apareció un día bordeando el lago de Galilea. Se paró frente a un grupo de pescadores, hombres de duro trabajo, que tenían sus familias, compartían la vida con sus amigos y vínculos. Y algo significativo: eran activos en su vida espiritual. Pedro y Andrés eran hermanos. Santiago y Juan, también. Un día, una visita les vino a re-crear la vida.

En aquel caminante llegado de Nazaret había algo especial: una presencia, una mirada, una observación, un tono de voz, un estilo, una autoridad, que hizo irresistible su pedido. Ellos no lo eligieron a Él; Él los llamó a ellos.

Y hubo respuesta. Atrás quedó la familia de Pedro y de Andrés. Atrás quedó Zebedeo, padre de Santiago y Juan, con los trabajadores, las barcas y las redes.

Estos hombres, los primeros llamados por Jesús, cambian el negocio familiar, la tranquilidad de su estatus, el grupo patriarcal compacto por algo todavía indeterminado. Esta opción permite al lector poder percibir mejor la ruptura de los cuatro primeros hombres vocacionados; y destacar, a la par, la fuerza arrastradora de la figura y mensaje de Jesús.

Aquellos hombres se fueron con Jesús. Lo siguieron. Iban con una misión muy peculiar: pescar hombres.

Ante la infidelidad de Israel sonaban todavía las palabras proféticas de Jeremías: “Yo enviaré primero a muchos pescadores, dice Yahvéh, que los pescarán; después, a numerosos cazadores, que los perseguirán por montes y cerros, y hasta en las cavernas de las montañas” (Jer 16,16).  Ahora, Jesús enviará a pescadores de hombres para anunciar y testimoniar la sorprendente Nueva del Reino de Dios ya presente entre los hombres.

 

Vengan detrás de mí

Resulta obvio que al lector atento del evangelio le puede resultar chocante que un grupo de hombres trabajadores y con familia respondan de un modo tan presto, libre y radical a la llamada de un desconocido. Pero Marcos no pretende relatarnos una crónica de los hechos. De ahí las diferencias con la versión del llamado que Juan nos ofrecía el domingo pasado.

Pedro y Andrés, al instante (de inmediato) dejan las redes y siguen a Jesús. Los otros dos son los hermanos Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que están trabajando, sin esperar a que terminen su tarea, Jesús los llama para que vayan a colaborar en la obra de anunciar la llegada del Reino. Dejando a su padre, se van con Jesús como quienes salen a algo muy urgente. Cuando se trata del Reino, todo lo demás pasa a ser secundario.

¿Cuál es el gran mensaje de este relato de llamado? No hay vocación que no esté orientada a la misión. La llamada a difundir el anuncio de la Buena Noticia es urgente y no admite ni condiciones ni dilaciones. Implica total disponibilidad para hacer renuncias. Ante esta Buena Noticia es necesario hacer una opción de vida. El llamado es enérgico pero hecho desde la libertad. No se violenta a los llamados, pero se les pide que pongan todo lo que son y saben hacer al servicio del Reino.

Y aquellos hombres se disponen a seguir a Jesús. El Maestro por delante, siempre por delante.

 

Nosotros también hemos sido buscados

El Espíritu de Jesús resucitado sigue pasando a nuestro lado, nos mira y continúa anunciando gratuitamente la Buena Nueva del Reino que, aceptada, hace posible que se transforme nuestro interior, nuestra mentalidad, nuestras actitudes y acciones, nuestra cosmovisión. Y un Reino de Dios lleno de gratuidad que nos lleva a la conversión.

También hoy el Resucitado sigue llamando, pues el Reino necesita también en nuestros días, con urgencia, pescadores de hombres; necesita hombres y mujeres que hagan opción por Cristo, que pongan a Cristo como prioridad y sean sus instrumentos de salvación.

Alguien está pasando por el mar de tu vida; te está mirando; te está hablando; te está llamando. ¿Lo sientes? ¿Dejarás que te pesque y te saque de tus tormentas y enredos? ¿Permitirás qué te transforme de pecador en pescador?  Él quiere y puede hacerlo. ¿Tú qué dices?

 

 

P. Mateo Bautista

Religioso camilo