Comentario Bíblico Dominical
Pascua de Resurrección
1er Domingo de Pascua
23 de marzo de 2008
Primera lectura: Hech 10,34a. 37-43
Dios lo resucitó al tercer día.
Salmo responsorial: 117
Este es el día que hizo el Señor: Alegrémonos y regocijémonos en él.
Segunda lectura:
Col 3,1-4: Busquen los bienes del cielo; o bien, 1 Cor 5,6b-8 : Cristo nuestra Pascua ha sido inmolado.
Evangelio: Jn 20,1-9
Él también vió y creyó
Resurrección:
Esperanza saludable de los cristianos
Voz de alarma
Corrió la voz de alarma: ¡El cadáver del Maestro ha desaparecido de la tumba! ¡Lo han robado!
María Magdalena viendo que faltaba el cadáver de Jesús lo primero que se le ocurre pensar es que lo han robado. Ante esta alarma, los discípulos salen corriendo al sepulcro.
Entonces, entró también el otro discípulo, el que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó (Jn 20,8).
Lo único que había allí para ver eran la sábana y el sudario usados en el cadáver. Veamos nosotros lo que estos discípulos vieron.
Los judíos nunca envolvían a nadie con vendas cuando moría. El único caso en el que un cadáver aparece con vendas en el Nuevo Testamento es el de Lázaro (Jn 11,44). Fue para atarle los pies y manos, es decir, los miembros flexibles, a fin de facilitar el translado del cuerpo. En el caso de Jesús, en cambio, no emplearon vendas (Keirai, en griego); emplearon un lienzo o sábana (othonia, en griego). Este pedazo grande de paño fue utilizado para recubrir todo el cuerpo antes de depositarlo en la tumba. Los evangelios sinópticos emplean sindon (en griego) que también significa lienzo o sábana.
Los apóstoles vieron el sudario, pañuelo con el que se rodeaba la cara del difunto, por debajo de la mandíbula y luego se lo ataba fuertemente en la parte superior de la cabeza.
¿Y cómo vieron la sábana y el sudario? El texto original del evangelio para hablar de la sábana emplea el verbo Keimena: estar extendido, horizontal, caído, desplomado, allanado. Es decir, la sábana que antes había estado abultada por la presencia del cadáver de Jesús adentro, ahora estaba aplastada, caída, desinflada, como si el cuerpo se hubiera elevado y las mortajas fúnebres se hubieran desplomado por su propio peso, en el mismo lugar donde antes había estado el cadáver.
Por tanto, la sábana no estaba tirada en el suelo. ¿Cómo estaba el sudario? No alisado como la sábana sino enrollado en su propio lugar; es decir, ocupando el espacio donde antes había estado la cabeza de Cristo.
¿Por qué el discípulo amado vio y creyó? Todo estaba en la tumba tal como el lo había dejado, excepto el cuerpo del Señor.
La forma como estaban las mortajas: un indicio de la resurrección de Jesús. Nadie había robado nada. Por eso, el discípulo amado vio y creyó.
La resurrección: esperanza de los cristianos (Tertuliano).
Resucítame, Señor
No has de abandonar mi alma en la tumba (Sal 16,9).
Señor Jesús,
vencedor de la muerte,
Tú has resucitado
a tres personas:
a una niña, a un joven
y a un adulto.
Señor Jesús,
Tú has resucitado
a tres personas:
una en su lecho,
otra camino al cementerio
y otra en plena tumba.
Señor Jesús,
Tú, que has resucitado
a tres personas,
haz, por tu gran poder,
que yo entre en el número
de los que Tú vas a resucitar.
Amén
Comienza el gran Domingo
Al comienzo, la celebración de la pascua consistía en una simple vigilia que intentaba celebrar con un único acto la pasión, muerte y resurrección del Señor. Durante la misma, los catecúmenos celebraban los sacramentos de la iniciación cristiana.
Sucesivamente, la pascua irá creciendo mediante círculos concéntricos. Precedida de un ayuno (Mt 9,15), se extenderá hacia delante durante siete semanas -la cincuentena o los días de pentecostés (Hch 2,1) como una continuada festividad, vista como un único día grande o una semana de semanas: 7 X 7 = 49 días; no diferenciada en su interior con celebraciones particulares. En esta prolongación en la que cada día es pascua, tanto la ascensión como la efusión del Espíritu Santo formarán parte del único misterio pascual.
En la actualidad, el ciclo pascual incluye el tiempo cuaresmal (de preparación), la semana santa y la cincuentena pascual. Incluye, pues, 14 semanas desde el domingo I de cuaresma hasta la solemnidad de pentecostés, añadiendo los días después del miércoles de ceniza.
Los 50 días que van desde el domingo de resurrección hasta el domingo de pentecostés han de ser celebrados con alegría y exaltación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo (S. Atanasio, Ep. Fest. 1).
Y no teman…
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: “No teman…” (Mt 28, 9-10).
La resurrección afecta a los tétanos de la vida del cristiano. Es inteligencia nueva para su cosmovisión vital, centra al cristiano.
La resurrección no es una terapia pero es lo más terapéutico.
Es gracia para la salud holística del creyente en todas y cada una de sus dimensiones: física, emocional, mental, social, valórica y espiritual.
La resurrección fulmina la angustia, la ansiedad, la depresión, los miedos,… ¡No teman!
¿Dónde está la muerte? ¡Búscala en Cristo! Ya no está; estuvo allí, pero ahora está muerta. ¡Vida que eres la muerte de la muerte! (San Agustín).
P. Mateo Bautista
Religioso Camilo