Comentario Bíblico Dominical
IV DOMINGO DE ADVIENTO
El carnet de identidad del Niño Jesús
“Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María.
Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo.
Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás.»
María entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?» Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. Para Dios, nada es imposible.»
Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho.» Después la dejó el ángel”. (Lc 1,26-38).
El misterio de María forma parte esencial de la cristología
Cuenta el crdenal Tomás Spidlík lo que le sucedió a un pastor evangélico de Alemania al que le gustaba coleccionar iconos. Su casa estaba llena de imágenes de la Madre de Dios. A algunos de sus parroquianos este hecho no les gustaba. ¿Por qué tanta devoción mariana en una parroquia de confesión evangélica? Al final, el pastor evangélico encontró la respuesta: “No son imágenes marianas sino imágenes de Cristo, que nació de María”. Aprovechó también un dicho del teólogo ortodoxo Vladimir Losskij: “Nosotros no consideramos la mariología como parte de la teología. El misterio de María forma parte esencial de la cristología”.
La gran señal que Dios escoge para levantar la esperanza del hombre no es una señal de fuerza, de gloria o de riqueza. Dios elige para la gran señal de esperanza una línea de vida, de ternura, de cercanía: “La virgen está encinta y da a luz a un hijo… Emmanuel” (Is 7,14): la Virgen María.
La Reina de los profetas
Adviento es el tiempo mariano por excelencia del año litúrgico. Históricamente, la memoria de María en la liturgia ha surgido con la lectura del evangelio de la Anunciación de este domingo que, con razón, ha sido denominado “el domingo mariano antes de navidad”.
“El sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a un virgen desposada con un hombre llamado José de la casa de David; el nombre de la virgen era María” (Lc 1,26-27).
Este comienzo del relato de la anunciación recuerda la presentación de los grandes profetas a quienes es dirigida la Palabra de Dios. Así es presentado Ezequiel: “En el año treinta…fue dirigida la palabra del Señor a Ezequiel, hijo de Buzo en el país de los caldeos” (Ez 1,1-3). Así es presentado Oseas: “Palabra del Señor que fue dirigida a Oseas, hijo de Beerí, en tiempos de Ozías…” (Os 1,1). En el caso de Jonás: “La palabra del Señor fue dirigida a Jonás” (Jon 1,1), etc.
Pero en el caso de la Virgen María, le fue enviado un ángel de parte de Dios para anunciarle que en ella tomaría carne la Palabra Eterna de Dios. Ella la acogería en su seno y se la daría al mundo. Por eso, María es invocada como Reina de los profetas.
El ángel que invita a la alegría
“El ángel Gabriel fue enviado por Dios”. En el texto evangélico se menciona en primer lugar al ángel Gabriel que en el Antiguo Testamento lleva al profeta Daniel los mensajes divinos referentes a los tiempos mesiánicos. Su presencia en este relato del evangelio ya nos hace presentir qué tipo de noticia va a comunicar a María de parte de Dios.
“El ángel, entrando a su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia…»”. Gabriel saluda a la Virgen con palabras de invitación a la alegría. Palabras que resuenan como las que utilizaron varios profetas del Antiguo Testamento para invitar al pueblo de Dios a la alegría de los tiempos finales, los tiempos mesiánicos y de plena salvación.
Una virgen
Muchas veces los profetas recurrieron a la figura de una mujer joven para hablar de Israel. Esta mujer-Israel era amada por Dios, pero sólo merecía reproches y amenazas porque no guardaba fidelidad ni respondía con amor (cfr. Ez 16). No obstante, los profetas mostraban un talante distinto cuando se referían a los tiempos finales, los tiempos del Mesías: la joven ya no merecería reproches porque conservaría intacta su virginidad, y en vez de recibir amenazas de castigos sería saludada con invitaciones a la alegría, porque Dios estaría por siempre con ella, y en ella encontraría sus delicias y su complacencia.
El evangelista, al decir (por dos veces) que María es virgen y que es saludada con una invitación a la alegría, nos indica que ese pueblo del futuro, fiel a su Dios y digno de participar en la alegría eterna, ya ha tenido su comienzo. En la persona de María se hace presente y se concentra la comunidad fiel de los tiempos mesiánicos.
La kejaritomene
“Él (Jesús) vino de los cielos a la tierra a causa de los sufrimientos humanos; se revistió de la naturaleza humana en el vientre virginal de la Virgen y apareció como hombre. Éste es el que se encarnó en la Virgen. Él es el cordero que enmudecía y que fue inmolado; el mismo que nació de María, cordera sin mancha” (Homilía sobre la pascua, de Melitón de Sardes, 160-170).
El ángel saluda a María llamándola llena de gracia (kejaritomene, en lengua griega). Se trata de una palabra que no aparece en ninguna parte de los escritos lucanos, lo cual significa que la gracia de Dios se hizo presente en María de un modo particularísimo, único, novedoso.
Si leemos Hechos de los Apóstoles 6,8, allí se dice que el diácono Esteban estaba lleno de gracia, pero para eso se usa una expresión griega más común (pléres járitos).
Cuando se menciona que María está llena de gracia se refiere a algo superior y, por eso, se usa una expresión exclusiva que podríamos traducir al castellano más bien como la que está poseída por la gracia. La que tuvo el privilegio único y exclusivo (y el desafío) de engendrar a Jesús había sido inundada por la gracia para ser una morada digna de tan gran misión: ¡Ni más ni menos que ser la Madre de Dios!
Es notorio que cuando Dios encomienda a alguien una misión, lo enriquece generosamente con todas las gracias y virtudes necesarias para que pueda realizarla plenamente. El Cordero que quita el pecado del mundo nació de una Cordera pura, inmaculada, kejaritomene.
El Emmanuel, Hijo de David e… Hijo de Dios
Ya hemos mencionado que en las palabras del ángel reconocemos el eco de varios textos proféticos. Cuando el ángel dice a María: “Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre…”, reconocemos el anuncio de Isaías sobre el nacimiento del Emmanuel: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá el nombre de Emmanuel…” (Is 7,14).
En la explicación que viene a continuación (“Él será grande, será llamado hijo del Altísimo…, se le dará el trono de David…, reinará eternamente…”), se repiten los términos que utilizó el profeta Natán cuando habló a David de parte de Dios para prometerle la descendencia (2 Re 7).
El reino que Dios prometió a David sería un reino de paz definitiva. Sería un reino en el cual se viviría plenamente la alianza de Dios con los hombres. Los escritos del Nuevo Testamento, en especial los evangelios, muestran que Jesús vino a instaurar sobre la tierra el Reino de Dios, y que éste ya se ha hecho presente en su persona.
Por otro lado, se pensaba que el Mesías no sería más que un hombre que llevaría el título de Hijo de Dios, propio de un hijo adoptivo. Pero el evangelio de san Lucas va más allá: anuncia que Jesús será Hijo de Dios. Nacerá sin concurso de varón; el Espíritu Santo descenderá sobre la Virgen; el poder del Altísimo la cubrirá con su Sombra (cfr. Ex 13,22).
Y María lo aclara
“¿Cómo será eso si no conozco varón…?”
Oportunamente, el evangelista Lucas nos ofrece dos intervenciones de María en el transcurso de la escena. La primera de ellas es una pregunta que sirve para poner en mayor evidencia el origen divino del hijo que nacerá de ella; la segunda es la plena sumisión a la voluntad de Dios.
El autor del evangelio no quiso prescindir de esa intervención porque era necesaria para quitar toda posibilidad de interpretar el texto en el sentido de que Jesús fuera naturalmente hijo de José. El pedido de aclaración ofrece la oportunidad para explicar con mayor precisión que Jesús es, ni más ni menos, que Hijo de Dios.
María “revistió de carne” al Hijo de Dios
Un arcángel excelso
fue enviado del cielo
a decir "Dios te salve" a María.
Contemplándote, oh Dios, hecho hombre
por virtud de su angélico anuncio,
extasiado quedó ante la Virgen,
y así le cantaba:
Salve, por Ti resplandece la dicha;
Salve, por Ti se eclipsa la pena.
Salve, levantas a Adán, el caído;
Salve, rescatas el llanto de Eva.
Salve, oh cima encumbrada - a la mente del hombre;
Salve, abismo insondable a los ojos del ángel.
Salve, Tú eres de veras el trono del Rey;
Salve, Tú llevas en Ti al que todo sostiene.
Salve, lucero que el Sol nos anuncia;
Salve, regazo del Dios que se encarna.
Salve, por Ti la creación se renueva;
Salve, por Ti el Creador nace Niño.
¡Salve, oh Virgen y Esposa!
(Himno Akáthistos, siglo V)
En Adviento, María es oyente, orante y oferente. Es arca y testigo de la Palabra divina, pues es la Madre de la Palabra encarnada.
Como siempre y, por tanto en este tiempo de adviento, María ha de ser admirada pero, sobre todo, imitada. Ella, la Virgen del adviento, reviste de carne a Jesús y nos da su carnet de identidad: Hijo de Dios, nuestra esperanza, el mismo que comemos glorioso en la eucaristía.
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P. Mateo Bautista Religioso camilo
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