Comentario Bíblico Dominical
Vigilia pascual
1ª Lectura: Gn 1,1 – 2,2
Y Dios vio que era bueno.
Salmo: Sal 103,1-2a .5-6. 10. 12-14b. 24.35
Señor, envía tu Espíritu y renueva toda la tierra.
2ª Lectura: Gn 22, 1-18
Ahora sé que temes a Dios.
Salmo: Sal 15, 5. 8-11
Protégeme, Dios mío, porque en ti me refugio
3ª Lectura: Éx 14,15 – 15,1a
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios.
Salmo: Éx 15, 1b-6.17-18
Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria
4ª Lectura: Is 54, 5-14
Tu redentor es el santo de Israel.
Salmo: Sal 29,2.4-6.11-12a. 13b
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
5ª Lectura: Is 55,1-11
Vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna.
Salmo: Is 12,2-6
Sacarán aguas con alegría de las fuentes de la salvación
6ª Lectura: Bar 3,9-15.32 – 4,4
¡Tú has abandonado la fuente de la sabiduría!
Salmo: Sal 18,8-11
Señor, tú tienes palabras de Vida eterna
7ª Lectura: Ez 36,17a.18-28
Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.
Salmo: 41, 3.5bcd; 42,3-4
Mi alma tiene sed de Dios.
Epístola: Rom 6,3-11
Considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Salmo: Sal 117,1-2.16-17.22-23
Aleluya, Aleluya, Aleluya.
Evangelio: Mt 28,1-10
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho.
Viva Jesús. Viva la resurrección
Resucitó nuestra Resurrección
Como el grano de trigo
que al morir da mil frutos,
resucitó el Señor.
Como el ramo de olivo
que venció a la inclemencia,
resucitó el Señor.
Como el sol que se esconde
y revive en el alba,
resucitó el Señor.
El amor venció al odio
y el sencillo al soberbio,
resucitó el Señor.
La luz vence a las sombras
y la paz a la guerra,
resucitó el Señor.
(Liturgia de las horas)
En vigilia
Es el tercer día del triduo pascual.
La vigilia pascual, la noche santa de la Resurrección del Señor, se considera como la madre de todas las santas vigilias (san Agustín). Durante ella, la Iglesia espera velando la resurrección de Cristo y la celebra en los sacramentos. Por consiguiente, toda la celebración de esta Vigilia sagrada ha de tener lugar durante la noche, de manera que empiece una vez que se ha iniciado la noche y termine antes de la aurora del domingo (Nualc 21).
Litúrgicamente es una amplia celebración de la palabra de Dios que termina con la eucaristía. Comprende:
A) El rito del fuego y de la luz.
B) La liturgia de la palabra, con abundantes lecturas, con la secuencia lectura–salmo–oración, recorriendo los pasos de la historia de la salvación. Las oraciones ofrecen la interpretación cristiana de los textos del Antiguo Testamento. Se canta el gloria y el aleluya.
C) La liturgia de la iniciación cristiana, con los bautismos. La asamblea renueva los compromisos bautismales y es rociada con el agua en memoria del bautismo.
D) La eucaristía, con la proclamación de la resurrección en la espera de su segunda venida.
Pregón pascual: alegría hasta los tuétanos
Alégrese en el Cielo el coro de los ángeles.
Sí, que se alegren todos los ángeles,
y por la victoria de un Rey tan grande,
resuene la trompeta de la salvación.
Goce también la tierra inundada de tanta luz,
y brillando con el resplandor del Rey eterno,
se vea libre de las tinieblas que cubrían el mundo entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
adornada con fulgores de luz tan brillante,
y resuenen en este templo las aclamaciones del pueblo.
Esta es la noche en que,
rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescata al esclavo entregaste al Hijo!
Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados,
lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes, expulsa el odio,
trae la concordia, doblega a los poderosos.
¡Qué noche tan dichosa,
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!
Resurrección: con luz y fuego
El antiquísimo rito lucernario del fuego evoca la resurrección de Cristo y la marcha de Israel guiado por la columna de fuego. El primer testimonio del rito de la luz es una homilía de Asterio el sofista en el s. IV (In Ps. 5, hom. 6). El sacramentario Gelasiano nos anuncia que en el s. VI ya existía la ceremonia del cirio y su bendición.
La palabra cirio viene del latín cereus que significa: cera.
El cirio pascual es el más importante de todos los cirios. Se enciende en medio de la oscuridad en la vigilia pascual y es el símbolo de la luz de Cristo. Se coloca sobre una elegante columna o candelabro adornado. Tiene una inscripción en forma de cruz, con la fecha del año, y las letras Alfa y Omega, la primera y última letra del alfabeto griego, significando que Cristo es el principio y el fin del tiempo y de la eternidad.
Al cirio se le incrustan cinco granos de incienso que representan las cinco llagas de Cristo en la cruz.
El cirio pascual, además del simbolismo de la luz, tiene también el de ofrenda, como cera que se gasta en honor a Dios, iluminando el mundo.
El cirio pascual está encendido durante las siete semanas de la cincuentena pascual, al lado del ambón de la Palabra, hasta la tarde del domingo de pentecostés.
El cirio pascual se ha de guardar dignamente. Se vuelve a colocar en el altar y encenderá su luz en la celebración del bautismo y las exequias, junto al féretro, pues simboliza la resurrección.
Vuelve el Aleluya
Estos son los días en que principalmente se canta el aleluya (Nualc 22)
El aleluya (del hebreo Halelu-Yah, alabad a Yahvé) es una aclamación, estribillo sálmico y elemento característico de las doxologías sálmicas (Sal 148, 1-4; 150).
Su introducción en la eucaristía se debe, en gran parte, a san Jerónimo (342-420).
Esta aclamación comunitaria inicia el ritual de la proclamación del evangelio. Es invitación a la alabanza y expresión de júbilo, como el canto de victoria en boca de los redimidos del Apocalipsis 19.
Con esta exclamación, la asamblea de fieles recibe y saluda al Señor que va a hablarle, lo glorifica y festeja en la palabra que se dispone a escuchar.
Siendo aclamación, su forma normal es el canto. Esta expresión gozosa, grito de júbilo, tiene un carácter marcadamente pascual.
Su canto gozoso se interrumpe en cuaresma, que queda reducido al versículo, acompañado de alguna exclamación cantada por el pueblo, que expresa la alabanza al Señor, pero sin las connotaciones jubilares del aleluya, que volverá a resonar jubilosamente en la vigilia pascual, ante el gran anuncio de la resurrección de Jesucristo.
Día bautismal
El bautismo en la vigilia bautismal está atestiguado desde comienzos del siglo III por Tertuliano (De bast. 19) y por la Tradición Apostólica de Hipolito.
Se produjo una evolución teológica al comienzo del s. III en Alejandría, por obra sobre todo de Clemente Alejandrino y de Orígenes. Éste corrige la etimología, habitual en aquel tiempo, que pretendía explicar pascua como pasión, más bien que como paso. El influjo de Orígenes será dominante a lo largo de los siglos IV y V, y determinará el desplazamiento del centro focal de la liturgia pascual de Ex 12 a Ex 14-15, de la inmolación del cordero a la travesía del mar de los Juncos, por lo que el sacramento pascual por excelencia no será ya la eucaristía sino el bautismo. Y esto es lo que influyó en la vigilia pascual como noche bautismal por excelencia.
El bautismo es un morir al pecado y un vivir en Cristo; morir con la muerte de Cristo y renacer con la resurrección de Cristo.
No piense nadie, pues, que el bautismo fue dado solamente para el perdón de los pecados y para alcanzar la gracia de la adopción, como en el caso del bautismo de Juan, que confería sólo el perdón de los pecados. Nuestro bautismo, como bien sabemos, además de limpiarnos del pecado y darnos el don del Espíritu, es también tipo y expresión de la pasión de Cristo. Por eso Pablo decía: «¿Es que no saben que por el bautismo nos incorporamos a Cristo Jesús y fuimos incorporados a su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte» (San Cirilo de Jerusalén, 315-386, catequesis 20, mistagógica 2,4-6).
En los domingos de la cincuentena pascual se recomienda que se comience no con el acto penitencial normal sino con la aspersión. Aspergar (Ad-spegere) es esparcir un líquido como signo de purificación (salmo 80). Se pide que Dios renueve en nosotros la gracia con que nos llenó el día de nuestro bautismo.
Sal de tu tumba
Nuestra fe vive de la resurrección. No creo en la resurrección porque soy cristiano; porque creo en la resurrección soy cristiano.
La alabanza de la fe de los cristianos no es porque creen que Cristo murió sino porque creen que Cristo resucitó. Que Cristo murió lo creen también los paganos (san Agustín).
Sal de la tumba con Jesús; de la tumba del pecado, del materialismo, de la intrascendencia; de la tumba del faricismo, de la anemia espiritual, de la mediocridad pastoral; sal de la tumba de la injusticia, de la insolidaridad, del egoismo.
Pregúntale a tus muertes y a tu Muerte: Si Cristo ha resucitado, ¿dónde está muerte tu victoria?
Vive ya como resucitado.
P. Mateo Bautista
Religioso Camilo