Comentario Bíblico Dominical

9º domingo durante el año

01 de junio de 2008

 

Primera lectura: Deut 11,18.26-28

Les doy a elegir entre bendición y maldición

Salmo responsorial: Sal 30, 2-4.15-17

El Señor es la roca de mi refugio

Segunda lectura: Rom 3,21-25a.28

Son justificados gratuitamente por su gracia  

Evangelio: Mt 7,21-27

Entrará al reino de los cielos quien cumpla la voluntad de mi Padre

 

Fe con buenos cimientos

 

El camino de la bendición

Moisés presenta al pueblo dos caminos a elegir: el de la bendición, fruto de la obediencia a los mandamientos de Dios; y el de la maldición, consecuencia de la infidelidad. En este día les doy a elegir entre bendición y maldición.

La fe debe optar por una profundidad espiritual. No basta una fe sociológica, una fe heredada de familia, una fe de ritos y cumplimientos. Hay que vivir bajo el faro de la voluntad divina, como lo expresa el salmista:

Sé la roca de mi refugio,

un baluarte donde me salve,

Tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame.

 

Todo fue gracia de Dios

En la carta a los romanos, san Pablo nos dice: La justicia de Dios viene por la fe en Jesucristo, para todos los que creen. Son justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús. Porque nosotros pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley.

De san Vicente de Paúl se cuenta que poco antes de morir recibió una visita de la Reina de Francia que le dijo: P. Vicente, Ud. Ha logrado transformar toda Francia con sus obras. Y él respondió: Majestad, yo no he hecho nada, todo fue gracia de Dios.

San Pablo escribió: Por la gracia de Dios soy lo que soy (1 Cor 15,1).

A más gracia, más fidelidad y esfuerzo. A más esfuerzo por el Reino de Dios, más gracia. Las obras espirituales son el fruto amoroso de ser justificados por Jesús.

 

El cristianismo, un estilo sabio de vida

En este domingo se termina la lectura litúrgica de las palabras de Jesús reunidas en el llamado Sermón de la Montaña, donde se presenta el estilo de vida cristiano que el Señor quiere para nosotros, sus discípulos.

En el Evangelio de hoy Jesús nos habla de dos tipos de creyentes: el sabio, que se mantiene fiel al proyecto de Dios y trabaja incansablemente por el Reino; el necio que piensa que sólo cumpliendo con unas obligaciones, ritos ya tiene el favor de Dios.

La entrega y la fidelidad a Jesús deben reflejar un comportamiento afín a las palabras y vida de Jesús, concordes con la voluntad divina (cfr. Mt 6,10; Dt 6,4).

El que escuche mis palabras y no las ponga en práctica será como un hombre tonto que edificó su casa sobre arena. Fuera del camino de las palabras de Jesús, lejos de la obediencia a la voluntad divina sólo hay ruina humana, miseria espiritual.

 

¡Apártense de mí, malhechores!

Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, ¿acaso no profetizamos en tu nombre y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y yo les diré: ‘Jamás los conocí. ¡Apártense de mí, malhechores!’

¡Qué sorpresa! Alguien puede hablar en nombre de Jesús y realizar signos en su nombre y ser desconocido por Él y considerarlo un malhechor.

En la antigüedad, la profecía, el exorcismo y los milagros eran prueba de la verdadera religión. Jesús desaprueba estos criterios si no se cumple la voluntad divina. Hay que llenar la propia vida y la acción bajo la obediencia a la voluntad divina.

Hoy día, bajo la ideología de un compromiso con los pobres, lejos de la vida íntima con Dios, distante de la vida sacramental y eclesial, buscando la lógica sociológica de este mundo en vez de la voluntad divina, practicando métodos mundanos dispares de los evangélicos. Jesús puede exclamar: Jamás los conocí ¡Apártense de mi, malhechores!

Sin Cristo, toda acción sólo acarrea deterioro espiritual y endiosamiento humano.

 

Aprende el corazón de Dios en las palabras de Dios

Todo el que escuche mis palabras y las ponga en práctica, será como un hombre prudente que edificó su casa sobre roca.

Disce cor Dei in verbis Dei: aprende el corazón de Dios en las palabras de Dios (San Gregorio Magno).

En los tiempos del NT, cuando un niño acudía a la escuela por primera vez, bajaba a la sinagoga cuando era todavía oscuro para escuchar la historia de cómo Moisés recibió la ley. Luego era llevado a la casa del maestro para desayunar, y allí recibía tortas con letras de la ley escritas sobre ellas. En la escuela, el niño recibía una tableta con pasajes de Escrituras escritos en ella. La tableta estaba untada en miel. Tenía que reseguir las letras en la miel con su pluma, y era natural chupar la punta de la pluma mientras estaba en ello. El propósito de todo ello era que se diera cuenta de que el objeto para el que iba a la escuela era el de absorber las Escrituras.

Que la Palabra de Dios no sea un mero suplemento dominical.

 

Vivir y morir con la voluntad de Dios bajo el brazo

Todo creyente debe en profunda y sincera oración sumisa al Espíritu Santo, atento a los signos de los tiempos, en constante lectura, escucha y meditación de la Palabra de Dios, alimentado por la gracia sacramental, con el discernimiento eclesial, preguntarse constantemente: Señor, ¿qué quieres de mí?

¡Se imagina que usted se muriera sin haber conocido la voluntad de Dios en su vida!

Se cuenta del joven san Domingo Savio (1843-1855) que un día estaba jugando durante el tiempo de recreo. Alguien le preguntó: Domingo, si te murieras dentro de cinco minutos, ¿qué harías ya? El joven sonrió y contestó de inmediato: seguiría jugando. Se le replicó: ¿Cómo vas a seguir jugando si te vas a morir de inmediato? El joven de Dios replicó: Seguiría jugando porque lo que Dios quiere de mí en el recreo es que juegue y sea feliz.

 

 

 

P. Mateo Bautista

Religioso Camilo