Comentario Bíblico Dominical

4to Domingo de Pascua

13 de abril de 2008

 

Primera lectura: Hech 2,14.36-41

Que cada uno se convierta y se haga bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo

Salmo responsorial: Sal 22,1-6

El Señor es mi pastor, nada me falta

Segunda lectura: 1 Pe 2,20-25

Antes andaban como ovejas perdidas,

pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes

Evangelio: Jn 10,1-10

Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia

 

El sacrificado pastor sacrificado

 

Pastores y asalariados. Ovejas y borreguitos

El evangelio de este cuarto domingo pascual, correspondiente al capítulo 10 de san Juan, hay que meditarlo (y practicarlo) teniendo en cuenta el capítulo anterior en el que los fariseos (malos pastores) se obstinan en permanecer ciegos, totalmente recalcitrantes a la vida abundante que aporta Jesús (buen pastor).

La imagen del buen pastor tiene un gran transfondo veterotestamentario. En primer lugar, este título se aplica a Dios, que guía y acompaña liberadoramente a su pueblo a lo largo de la historia (salmo 23). Pastores son llamados también los dirigentes políticos y religiosos de Israel, que portan el cayado de mando.

Y están los falsos pastores. El colmo de estos falsos pastores es presentarse como puerta de salvación; una alusión directa de Jesús a las autoridades políticas y religiosas de Israel que han esquilmado el rebaño. En vez de buenos pastores, asalariados; en vez de buenas ovejas, borreguitos.

           

El Hijo del Buen Pastor

En el libro de Ezequiel se lee: Porque así dice el Señor Yahvéh: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas. Yo mismo apacentaré mis ovejas y yo las llevaré a reposar, oráculo del Señor Yahvéh. Buscaré la oveja perdida, tornaré a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma; pero a la que está gorda y robusta la exterminaré: las pastorearé con justicia. Ustedes, ovejas mías, son el rebaño humano que yo apaciento, y yo soy vuestro Dios, oráculo del Señor Yahvéh (Ez 34, 11-12.15.16.31).

Dios se compromete a ser Él mismo pastor de su pueblo esquilmado por los malos pastores.

Jesús, el Hijo del buen Pastor, se autoproclamará: Yo soy el buen pastor (Jn 10,11). Él es el único revelador del Padre; aquél que lo manifiesta de verdad; en su voz se oye la voz del Padre.

Las promesas de Dios Padre anunciadas por el profeta Ezequiel se cumplen en Jesús. Y rechazar al Hijo es rechazar al Padre. Este evangelio es altamente cristológico.

 

Jesús, modelo de pastores

Jesús, buen pastor:

Ø      Entra con transparencia por la puerta (El Señor de las ovejas).

Ø      Conoce a cada oveja. Cada oveja lo conoce.

Ø      Llama a cada oveja por su nombre (Las ovejas le responden).

Ø      Pastorea a sus ovejas en campos de fresca hierba.

Ø      Va por delante de sus ovejas que lo siguen.

Ø      Se preocupa de las ovejas de fuera del rebaño.

Ø      Defiende a sus ovejas (Se enfrenta con los lobos).

Ø      Quiere un solo rebaño.

Ø      Da la vida por las ovejas.

La vida de pastor es bucólica, pero muy sacrificada. Jesús, sacrifica su vida por sus ovejas para que tengan vida en abundancia. El buen pastor es el buen cordero degollado.

 

Conocer al pastor

En la sobremesa de una cena de gala, un actor contratado recitaba historias y declamaba poemas. Haciendo gala de su amplio repertorio, preguntó si alguien quería solicitarle alguna composición. Un sacerdote presente se animó a pedirle que recitara el salmo 23.

- Lo haré, Padre, con la condición de que después lo declame usted.

El actor, con donaire y elegancia artística, recitó:

- El Señor es mi pastor, nada me falta…

Al concluir, la ovación del público fue apoteósica. Después se levantó el sacerdote, cerró los ojos, juntó sus manos y repitió las mismas palabras. Reinaba un silencio emocionante. Al terminar de orar el salmo, nadie de los presentes se animó a romper el silencio. Sólo el actor se levantó y exclamó:

- ¡Señoras y señores, ustedes se habrán dado cuenta que yo conozco el salmo, pero que este hombre conoce al Pastor!

 

El alma necesita un buen pastor

Ven, Señor Jesús, busca a tu siervo,

busca a tu oveja extenuada.

Tu oveja ha andado errabunda mientras tú tardabas.

Deja tus noventa y nueve ovejas

y ven a buscar a la que vagaba.

Ven sin perros,

ven sin rudos asalariados,

ven sin el mercenario

que no sabe pasar por la puerta.

Ven sin ayudante, sin intermediarios,

que ya desde hace tiempo estoy esperando tu visita.

Sé que estás a punto de llegar,

si es verdad que no he olvidado tus mandamientos.

Ven, pero sin bastón:

con amor

y con actitud de clemencia.

                        (San Ambrosio)

 

Jesús, puerta siempre abierta al Padre

Del versículo 7 al 10, Jesús se presenta como la puerta, que no indica simplemente un lugar de paso que se atraviesa y se abandona.

En el pensamiento antiguo, tanto judío como griego, una puerta era necesaria para llegar al cielo (Ap 4,1), para acceder al conocimiento, la revelación y la salvación.

También para los antiguos, la puerta de una ciudad era un lugar fundamental; lugar de encuentro, de reunión, de protección, de acciones judiciales, de compra y venta, de mucha vida. Cuando Jesús manifiesta que Él es la puerta indica que en su persona hallamos los mejores bienes: la salvación, la luz, la seguridad, el alimento, la vida abundante.

Jesús no precisa dónde vamos a parar cuando pasamos por Él, ya que entramos en Él mismo, y en Él encontramos al Padre. Él es el único acceso al Padre.

Jesús, puerta siempre abierta a la salvación. Aprendamos de Jesús, nosotros que solemos dar portazos a la salvación.

 

De tal pastor, cuales pastores

El amor de Jesús pone en juego la dinámica de la fe, la dinámica del creer. Jesús (buen pastor) llama una a una a sus ovejas (el llamado vocacional). Las ovejas (discípulos) sienten la voz de su pastor y lo siguen (discipulado-misión).

Sólo los que son buenas y sacrificadas ovejas del Buen Pastor Jesús serán buenos pastores.

Como bautizados, todos somos sacerdotes, profetas y reyes. Como buenos discípulos, todos debemos ser buenos pastores en la fe, esperanza y caridad.

Que nadie esté seguro de su vocación si, como buen pastor, no se preocupa de la salvación de los demás. Y el pastoreo empieza por casa…

 

Jornada Mundial de oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas

Un día, el arzobispo de Cracovia, el príncipe Adam Sapieha, visitó un liceo. Como es propio de la cortesía, los estudiantes eligieron a un compañero para que se encargase de pronunciar el discurso de bienvenida. Un joven, de unos 17 años, pronunció unas breves pero atinadas palabras. Monseñor Adam se fijó en él y le preguntó:

- ¿Tú has pensado en el sacerdocio?

La pregunta sorprendió al joven que, con cierto nerviosismo, sólo atinó a decir:

- No, Monseñor; yo quiero estudiar letras y dedicarme al teatro.

Aquel joven no se había planteado nunca, cara a cara con Dios, su vocación de vida.

Aquel joven se llamaba Karol Woytila, futuro Juan Pablo II.

 

Las vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada sólo florecen en un terreno espiritualmente bien cultivado. De hecho, las comunidades cristianas que viven intensamente la dimensión misionera del ministerio de la Iglesia nunca se cerrarán en sí mismas (Benedicto XVI).

Oremos todos en la Iglesia por las vocaciones laicales, religiosas, sacerdotales. Sin oración, no hay vocación.

Oremos en familia por las vocaciones de los propios hijos (no por la vocación de los hijos de los otros).

Ore el/la joven: Señor, ¿qué quieres de mí?, escuchando la voluntad divina.

El mayor fracaso de la vida: no haber conocido la voluntad de Dios en nuestra vida.

Oremos con fe y caridad por nuestros consagrados y sacerdotes que abandonaron redes, profesiones, esposo/a, hijos para re-editar con la gracia divina (y las propias miserias humanas) la figura de Jesús, el buen pastor.

 

 

 

 

P. Mateo Bautista

Religioso Camilo