Comentario Bíblico Dominical
ASUNCIÓN DE LA VIRGEN
15 de agosto de 2008
Primera lectura: Apoc 11,19; 12,1-6.10
Una mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies
y una corona de doce estrellas en su cabeza
Salmo responsorial: Sal 44
¡De pie a tu derecha está la Reina, Señor!
Segunda lectura: 1 Cor 15,20-27
Todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponda
Evangelio: Lc 1,39-56
Todas las generaciones me llamarán feliz
La pre-redimida es la pre-resucitada
La Asunción: un nacimiento especial
Al celebrar el tránsito de los santos… la Iglesia proclama el misterio pascual cumplido en ellos (Sacrosanto Concilio 104).
La Asunción de María corresponde litúrgicamente al dies natalis (día de nacimiento para la vida eterna) de los santos, aunque dentro de un contexto de excepcionalidad.
Tu, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial e incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta (San Germán de Constatinopla, +773).
El contenido de la celebración se pone de relieve adecuadamente en nuestra liturgia eucarística tanto en la oración colecta del día (…Has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo) como en el prefacio propio (Hoy ha sido llevada al cielo la Virgen, Madre de Dios; no quisiste, Señor, que conociera la corrupción del sepulcro la mujer que, por obra del Espíritu, concibió en su seno al autor de la vida).
Esta solemnidad, junto con la Inmaculada (8 de diciembre) y Santa Madre de Dios (1 de enero) celebra las principales verdades dogmáticas de la esclava del Señor.
El dogma: recreación de la humanidad
La Asunción es un misterio que se celebra desde hace siglos en las diversas Iglesias de oriente y de occidente. En oriente, se comienza a difundir la celebración litúrgica del Tránsito o Dormición de María, fijada el día 15 de agosto por decreto particular del emperador Mauricio (539-602).
La Asunción de María es un dogma definido solemnemente por Pío XII el 1 de noviembre de 1950 con la constitución apostólica Munificentissimus Deus, que explica su significado teológico y vital.
Pío XII, después de las innumerables peticiones, el 1 de mayo de 1946 envió a todo el episcopado católico la encíclica Deiparae Virginis, en la que preguntaba a los obispos si la Asunción de María podía ser definida dogmáticamente y si deseaban juntamente con sus fieles esta definición. La inmensa mayoría de los obispos respondió afirmativamente a ambas preguntas, y Pío XII, muy significativamente el día 1 de noviembre de 1950, festividad de todos los santos, procedió a la solemne definición dogmática:
Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo.
En el misterio de Cristo
María fue elegida por el Padre con vistas a la redención: En vistas a él (a Cristo), Dios Padre la eligió desde toda la eternidad como madre toda santa y la adornó con dones del Espíritu Santo que no fueron concedidos a ningún otro (Marialis Cultus 25).
En esta solemnidad, glorificamos al Hijo en la Madre glorificada. La llena de gracia es la llena de gloria.
La fiesta de la Asunción, como todas las fiestas marianas, refleja con claridad el pleno cumplimiento del misterio de Cristo, en la Virgen madre.
Con la Asunción se concluye escatológicamente aquella unión activa y progresiva de fe, de esperanza, de amor, de servicio doloroso entre la madre y el Salvador. María estuvo indisociablemente asociada a la vida-pasión-muerte-resurrección de su Hijo y Señor.
La asunción de la Virgen es la plena configuración con Cristo resucitado y glorioso.
El nombre de la theotokos (madre de Dios) contiene toda la economía sobre este mundo (San Juan Damasceno).
En el misterio de la Iglesia
María es una parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro superior a todos los demás; pero, sin embargo, un miembro de todo el cuerpo (San Agustín, sermón 72).
María antecede con su luz al Pueblo de Dios: Mientras tanto, la Madre de Jesús, de la misma manera que, glorificada ya en los cielos en cuerpo y en alma, es imagen y principio de la Iglesia que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura, así en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor (Lumen Gentium 68).
En la perspectiva tipológica, en ella ya es lo que habrá de ser en toda la Iglesia: Hoy ha sido elevada al cielo la Virgen Madre de Dios, anticipo e imagen de la perfección que alcanzará tu Iglesia, garantía de consuelo y de esperanza para tu pueblo que peregrina en la tierra (del Prefacio).
¡María es Summa Ecclesiae! Es icono escatológico de la Iglesia. Es la Iglesia plenamente salvada de la corrupción. María es documento consolador (Pablo VI) sobre nuestro futuro.
En el misterio de la Comunión de los Santos
Señor, llegue hasta ti el sacrificio de nuestro culto, y por la intercesión de la santísima Virgen María elevada al cielo, nuestros corazones, inflamados en el fuego de tu caridad, tiendan incesantemente hacia ti. Por Jesucristo nuestro Señor (Oración sobre las ofrendas).
El Papa Pío XII promulga este dogma mariano el día 1 de noviembre del año 1950, festividad de todos los santos. La Asunción nos remite en plenitud al misterio pascual: muerte y resurrección de Cristo. Es también la fiesta de la perfecta configuración de María con Cristo resucitado; y a la plena, íntima, tierna y maternal participación en la Comunión de los Santos.
María es subida al cielo para bajarnos el cielo. Es compañera espiritual de nuestra fe, esperanza y caridad.
En el misterio de la antropología humana
El Cardenal Montini, cuando aún no era Papa (Pablo VI), predicó en una de las fiestas de la Asunción de María que le tocó vivir en su arquidiócesis de Milán:
Esta solemnidad nos habla del punto final de la vida de María y nos presenta esta excepcional pero humana criatura bajo un aspecto definitivo.
En este glorioso epilogo de la vida de María recapitulamos toda la doctrina sobre la vida humana, celebramos una fiesta que se refiere a la condición de la vida más allá del tiempo, a la vida futura. El último artículo del "Credo" encuentra aquí su gloriosa afirmación.
Entre los diferentes aspectos de la antropología glorificados por la fiesta de la Asunción, hay uno que parece deber retener nuestra atención: el de la glorificación de la carne purísima de María, de donde Cristo ha tomado la suya. Y esta fiesta se distingue por consiguiente de las de los Santos: puesto que nosotros no celebramos más que la glorificación de sus almas, nos resume la historia de nuestro cuerpo, nos define su función, nos prescribe la ley, nos indica sus peligros, defiende su dignidad y nos anuncia su destino.
La Asunción de María es educadora de nuestra vida.
¡Proclama mi alma la grandeza del Señor!
La palabra magnificat (en latín) procede del adjetivo magnus (grande).
La Santísima Virgen nos invita a la alabanza. El entusiasmo de María nos impulsa a recorrer el inconmensurable don de Dios en nuestra vida, superando estrecheces, mezquindades, reduccionismos. Dios es inmenso y nosotros somos inmensos en Dios.
El Todopoderoso dilata constantemente la anchura de nuestro corazón y mente. El es Santo y nos quiere santos. El es misericordioso y nos quiere misericordiosos. El eleva a los humildes…
María, ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres! Bendita en el misterio de Jesús, en el misterio del hombre, en el misterio de la Iglesia, en el misterio de la comunión de los santos. Tú has dejado que Dios te hiciera grande.
Nosotros no hagamos miserable el Magnificat de Dios preparado para nosotros.
P. Mateo Bautista
Religioso Camilo