Comentario Bíblico
Dominical |
Domingo, 16 de marzo Domingo de Ramos |
Primera
lectura: Is 50, 4-7 |
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__El Señor Yahvéh
me ha concedido el poder hablar como su discípulo. Y ha puesto
en mi boca las palabras para fortalecer al que está aburrido.
A la mañana él despierta mi mente y lo escucho como lo
hacen los discípulos. __El Señor Yahvéh me ha abierto los oídos y yo no me resistí ni me eché atrás. He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a quienes me tiraban la barba, y no oculté mi rostro ante las injurias y los escupos. __El Señor Yahvéh está de mi parte, y por eso no me molestan las ofensas; por eso puse mi cara dura como piedra, y yo sé que no quedaré frustrado. |
Salmo
responsorial: 21,8-9.17-18a.19-20.23-24___
Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? |
| Todos los que me ven, de mí se burlan, |
Segunda
lectura: Flp 2, 6-11 |
__Jesucristo, siendo
de condición divina, no se apegó a su igualdad con Dios,
sino que se redujo a nada, tomando la condición de servidor,
y se hizo semejante a los hombres. __Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz. __Por eso Dios lo engrandeció y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y entre los muertos, y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre. |
Evangelio:
Mt 26,3-5. 14 – 27, 66 |
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__Unos días
antes de la fiesta de Pascua, los jefes de los sacerdotes y las autoridades
judías se reunieron en el palacio del sumo sacerdote, que se
llamaba Caifás, y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús
con artimaña y darle muerte. Pero se decían: «No
será durante la fiesta, para que el pueblo no se alborote.» __Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó a los jefes de los sacerdotes y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta monedas de plata. Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo. __El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?» Jesús contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre, y díganle: El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa.» __Los discípulos hicieron tal como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. __Llegada la tarde, Jesús se sentó a la mesa con los Doce. Y mientras comían, les dijo: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a traicionar.» Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: «¿Seré yo, Señor?» __El contestó: «El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato. El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!» Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó también: «¿Seré yo acaso, Maestro?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho.» __Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo.» Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: «Beban todos de ella: esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados. Y les digo que desde ahora no volveré a beber del zumo de cepas, hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre.» __Después de cantar los salmos, partieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta noche: ya no sabrán qué pensar de mí. Pues dice la Escritura: Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después de mi resurrección iré delante de ustedes a Galilea.» Pedro empezó a decirle: «Aunque todos tropiecen, yo nunca dudaré de ti.» Jesús le replicó: «Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces.» Pedro insistió: «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré». Y los demás discípulos le aseguraban lo mismo. __Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar.» __Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Y les dijo: «Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.» __Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» Volvió donde sus discípulos, y los halló dormidos; y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo? Estén despiertos y recen para que no caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es débil.» __De nuevo se apartó por segunda vez a orar: «Padre, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.» Volvió otra vez donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos de sueño. Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras. __Entonces volvió donde los discípulos y les dijo: «¡Ahora pueden dormir y descansar! Ha llegado la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. ¡Levántense, vamos! El traidor ya está por llegar.» __Estaba todavía hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce. Iba acompañado de una chusma armada con espadas y garrotes, enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades judías. El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; arréstenlo.» Se fue directamente donde Jesús y le dijo: «Buenas noches, Maestro.» Y le dio un beso. Jesús le dijo: «Amigo, haz lo que vienes a hacer.» Entonces se acercaron a Jesús y lo arrestaron. __Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al sirviente del sumo sacerdote, cortándole una oreja. Entonces Jesús le dijo: «Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada, perecerá por la espada. ¿No sabes que podría invocar a mi Padre y él, al momento, me mandaría más de doce ejércitos de ángeles? Pero así había de suceder, y tienen que cumplirse las Escrituras.» __En ese momento, Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo sin embargo me sentaba diariamente entre ustedes en el Templo para enseñar, y no me detuvieron. Pero todo ha pasado para que así se cumpliera lo escrito en los Profetas.» Entonces todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron. __Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa del sumo sacerdote Caifás, donde se habían reunido los maestros de la Ley y las autoridades judías. __Pedro lo iba siguiendo de lejos, hasta llegar al palacio del sumo sacerdote. Entró en el patio y se sentó con los policías del Templo, para ver en qué terminaba todo. __Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban buscando alguna declaración falsa contra Jesús, para poderlo condenar a muerte. Pero pasaban los falsos testigos y no se encontraba nada. Al fin llegaron dos que declararon: «Este hombre dijo: Yo soy capaz de destruir el Templo de Dios y de reconstruirlo en tres días.» __Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que declaran en contra tuya?» Pero Jesús se quedó callado. __Entonces el sumo sacerdote le dijo: «En el nombre del Dios vivo te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?» Jesús le respondió: «Así es, tal como tú lo has dicho. Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes contemplarán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Todopoderoso, y lo verán venir sobre las nubes del cielo.» __Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas, diciendo: «¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Ustedes mismos acaban de oír estas palabras blasfemas. ¿Qué deciden ustedes?» Ellos contestaron: «¡Merece la muerte!» __Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas, mientras otros lo golpeaban diciéndole: «Mesías, ¡adivina quién te pegó!» __Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le acercó una sirvienta de la casa y le dijo: «Tú también estabas con Jesús de Galilea.» Pero él lo negó delante de todos, diciendo: «No sé de qué estás hablando.» __Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba con Jesús de Nazaret.» __Pedro lo negó por segunda vez, jurando: «Yo no conozco a ese hombre.» __Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Sin duda que eres uno de los galileos: se nota por tu modo de hablar.» Entonces Pedro empezó a proferir maldiciones y a afirmar con juramento que no conocía a aquel hombre. Y en aquel mismo momento cantó un gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo fuera, lloró amargamente. __Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer morir a Jesús. Luego lo ataron y lo llevaron para entregárselo a Pilato, el gobernador. __Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado, se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. Les dijo: «He pecado: he entregado a la muerte a un inocente.» Ellos le contestaron: «¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto tuyo.» Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se marchó y fue a ahorcarse. __Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero dijeron: «No se puede echar este dinero en el tesoro del Templo, porque es precio de sangre.» Entonces se pusieron de acuerdo para comprar con aquel dinero el Campo del Alfarero y lo destinaron para cementerio de extranjeros. Por eso ese lugar es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy. __Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio en que lo tasaron los hijos de Israel, y las dieron por el Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó. __Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.» __Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contestó nada. Pilato le dijo: «¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti?» Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho. __Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. De hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado Barrabás. Cuando se juntó toda la gente, Pilato les dijo: «¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?» Porque sabía que le habían entregado a Jesús por envidia. __Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él.» __Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Cuando el gobernador volvió a preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?», ellos contestaron: «A Barrabás.» Pilato les dijo: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron: «¡Crucifícalo!» Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?» Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: «¡Que sea crucificado!» __Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su sangre, yo no tengo la culpa.» Y todo el pueblo contestó: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» __Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y lo entregó a los que debían crucificarlo. __Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y reunieron a toda la tropa en torno a él. Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinos y en la mano derecha le pusieron una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!» Le escupían en la cara, y con la caña le golpeaban en la cabeza. __Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a crucificar. __Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera», le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber. __Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. Luego se sentaron a vigilarlo. Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda. __Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza y decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.» __Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: «¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él! Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios.» __Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo insultaban. __Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo, algunos de los presentes decían: «Está llamando a Elías.» Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso en la punta de una caña para darle de beber. Los otros le decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.» __Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu. __En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba abajo, en dos partes. La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso. Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente. __El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.» También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. __Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador ordenó que se lo entregaran. José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro. __Al día siguiente (el día después de la Preparación de la Pascua), los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron a Pilato y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado que ese mentiroso dijo cuando aún vivía: Después de tres días resucitaré. Ordena, pues, que sea asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Este sería un engaño más perjudicial que el primero.» Pilato les respondió: «Ahí tienen una guardia. Vayan ustedes y tomen todas las precauciones que crean convenientes.» Ellos, pues, fueron al sepulcro y lo aseguraron. Sellaron la piedra que cerraba la entrada y pusieron guardia. |
Ramos
de victoria, ramos de martirio |
Discípulos
misioneros con un ramo en la mano
El domingo de pasión o de las palmas conmemora con procesión
la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, como preanuncio de
la resurrección; simbolismo derivado de la fiesta hebrea de las tiendas.
Llevar en procesión los ramos, aclamar festivamente al Señor,
salir a su encuentro, cantar el Hosanna al Mesías que viene como rey
humilde y manso (Zac 9,9; Sal 117,19 ss) significa participar en el misterio
de su pasión y gloria, como auténticos discípulos-misioneros.
La primera noticia de esta procesión de palmas la facilita Egeria (384).
Surgió en la Iglesia de Jerusalén que celebraba el misterio
de Cristo historizándolo. La comunidad la revivía, dramatizando
la escena evangélica que se lee al principio; caminando después
el recorrido hecho por Cristo.
El olivo en la Biblia aparece como símbolo de paz y alianza (Gn 8,11;
Jue 9,8). En Grecia y Roma es, también símbolo de los vencedores.
En el uso cristiano, los ramos de olivo sustituyeron a los de palma.
Pastoralmente, la celebración de la entrada de Jesús debe valorar
no tanto los ramos de olivo (los ramos bendecidos se llevan a casa como signo
de bendición y protección divina), cuanto sobretodo el misterio
expresado a través de la procesión: proclamar la realeza mesiánica
de Cristo. Se debe destacar su gran sentido teológico: Jesús
se dirige a la ciudad santa y entra en ella triunfalmente, pero para consumar
su pascua de muerte y resurrección. Y sus discípulos, detrás
de él aclamándolo, pero sin abandonarlo después…
Éste es el único domingo del año en que se celebra el
misterio de la muerte del Señor con la proclamación del relato
de la pasión.
Comienza
la semana Grande de los cristianos
Se llama Semana Santa a la última semana de la cuaresma que
nos prepara e introduce en la celebración de la pascua. Comienza con
el domingo de la pasión o de ramos y concluye con la vigilia pascual,
inicio del domingo de pascua. Abarca días de cuaresma hasta el jueves
por la tarde y los dos primeros días del triduo pascual.
¿Que es el triduo pascual? El triduo pascual de la pasión
y de la resurrección del Señor comienza con la misa vespertina
de la cena del Señor (tarde del jueves santo), tiene su centro
en la vigilia pascual y acaba con las vísperas del domingo de resurrección
(Nualc, 18).
El triduo pascual es, pues, el triduo de Cristo crucificado, sepultado y resucitado
(San Agustín). La cena del Señor en la tarde del Jueves Santo
es el preludio; y la culminación es la vigilia pascual.
El domingo de resurrección es el primer día del tiempo pascual.
De
la Pascua judía a la Pascua cristiana
Para vivenciar la pascua cristiana hay que comprender la pascua judía.
De las 49 veces que aparece el término pascua en el Antiguo Testamento,
34 veces indica el rito del primer plenilunio de primavera y 15 veces el cordero
inmolado en tal ocasión1.
Etimológicamente, el término procede del latín pascha,
que es una transliteración griega del arameo pascha y del hebreo pesach.
No es derivación del griego paschein (pasión), como pensaban
los escritores cristianos anteriores a Orígenes (185-254). Pesah, al
parecer se deriva del verbo pasah: saltar (1 Re 18,21), que originariamente
expresaba: orar con danza ritual ante un sacrificio.
Esta connotación fue asumida por la teología israelita. En una
memorable fiesta primaveral, Yahvé saltó más allá
de las casas de los israelitas marcadas por la sangre del cordero sacrificado,
perdonándolas (Ex. 12,13.23.27) .
La fiesta, tal como se la conocía en la época del Nuevo Testamento,
era resultado de dos elementos de origen diverso, juntados hasta componer
una unidad: la celebración nocturna entorno al cordero (pesah) y la
semana de los massot o de los ácimos. Ambas eran fiestas de primavera
de ambientes culturales diversos.
Los ritos originarios del pesah se remontaban a una antiquísima celebración
familiar con la que los pastores solemnizaban el comienzo del nuevo año
en el mes de abib (posteriormente nisán). La noche inmediatamente precedente
a la partida para los pastizales de verano, al claro de la luna llena, se
inmolaban los primeros nacidos del rebaño, cuya sangre se empleaba
para marcar las jambas, el dintel de las puertas y los palos de las tiendas,
con fines apotropaicos y propiciatorios: para proteger a pastores y rebaños
de influencias demoníacas y asegurar la fecundidad; mientras que la
carne se consumía en una comida cultual que tenía por objeto
fortalecer los vínculos de parentesco de la familia y de la tribu.
Este rito se desarrolló en vísperas del éxodo, circunstancias
descritas en forma épica por las fuentes más antiguas (Ex 12,21-3.
27 b. 29-39).
Las hierbas amargas, que antaño condimentaban la cena nocturna de los
nómadas, recordarán en adelante la amargura de la esclavitud
egipcia. Los panes sin levadura harán pensar en el pan de la miseria
de Egipto (Dt 16,3).
La fiesta se celebraba en primavera porque al comienzo de esta estación,
Israel salió de Egipto; y es fiesta nocturna porque el éxodo
tuvo lugar una noche clara de luna llena (Dt 16,1).
La fiesta massot, por el contrario, parece haber sido en su origen una fiesta,
también de primavera, pero propia de un ambiente agrícola. Celebraba
el comienzo solemne de la siega, considerada sagrada. Su característica:
ofrecer la primera gavilla en el santuario, tras una peregrinación,
comiendo durante toda una semana pan no fermentado en la nueva cosecha de
cebada, con fin apotropaico y de propiación.
En tiempos del exilio ya se atestiguaba la fusión de ambas fiestas
(Ez 4,21; 2 Cro 30,1-2.5.13.21). En el periodo postexílico se llegó
a usar los términos pesah y massot sin distinción para una única
celebración (2 Cro 30).
De la celebración familiar doméstica (Ex 12 - 13) se pasó
a la centralización cultual deuteronomista, trasladándose al
templo de Jerusalén y convirtiéndose en fiesta del pueblo con
carácter nacional.
En el periodo postexílico, el cordero se seguía inmolando en
el templo, mientras que la comida volvió a consumirse domésticamente,
dentro de los muros de Jerusalén. Así la conoció Jesús.
La fiesta de la pascua se convirtió en memorial perpetuo de generación
en generación para renovar y actualizar los acontecimientos liberadores
en la conciencia de los Israelitas.
La fiesta de la pascua era anuncio de la historia de la salvación (Ex
12,25-27); alabanza, acción de gracias e intercesión (Ex 15;
2 Cro 35,15; Sab 18,9; Salmos de hallel 113–118.136); fiesta de toda
la comunidad celebrante (Ex 12,3.6).
El memorial pascual se convirtió en referencia de todas acciones litúrgicas
de Israel: de la circuncisión; del cordero macho y sin defecto que
se debía ofrecer mañana y tarde en el templo en sacrificio perenne
(pascua diaria, según R.Hillel); de la oración matutina y vespertina
en las sinagogas; del sábado, memorial de la creación y de la
alianza (Dt 5,15). El sábado era una celebración pascual semanal.
También se pusieron en relación con la pascua las fiestas de
las tiendas (sukkot), de las semanas (shabuot) y el quincuagésimo día
después de la pascua (pentecostés).
La pascua judía era el centro de toda la historia de la salvación,
el fundamento de toda legislación moral y social, y el culmen de toda
la vida litúrgica del pueblo. Tales características pasarán
a la pascua del nuevo pueblo de Dios.
Cristo
es nuestra Pascua
¿Cuál es la teología y espiritualidad de la pascua cristiana?
Cristo es nuestra pascua. La acción realizada por Dios en Cristo Jesús
es el acontecimiento pascual por excelencia.
Jesús es la nueva puerta pintada con su sangre liberadora y salvífica.
Es el reconciliador universal. El purificador universal (Jn 2, 13-22).
Jesús es el cordero pascual de los cristianos porque nuestro cordero
pascual, Cristo, ha sido inmolado (1 Cor 5,7). Jesús cordero sin tacha
ni defecto (1 Pe 11,19) se ofreció como primicia (1 Cor 15, 20-23).
Es propiación por nuestros pecados (1 Jn 2,1-2).
Jesús es la víctima sacrificial del altar y el sacerdote de
la nueva y definitiva pascua. Jesús es la carne misma de la eucaristía,
cena pascual (Jn 6, 26-71). Jesús eucarístico es el nuevo maná,
convite memorial pascual (Jn 6,35).
Jesús es el nuevo Adán, David, Salomón, Moisés,
Elías…(Hch 3,23; Mt 2,1-23; Jn 1,17). Es el puente (pontífice),
mediador único para pasar el nuevo mar rojo de la esclavitud a la libertad,
de la gracia al pecado, del peregrinar a la nueva tierra bautismal de promisión.
Jesús pascual es adoptador de sus hermanos. Al morir el nuevo Adán
pascual por ellos, los hombres son adoptados y forman parte del nuevo pueblo
de elección: hijos de Dios (Jn 19, 34).
Jesús es la nueva nube, que orienta a su pueblo en las arideces del
desierto; luz del mundo con la iluminación del Santo Espíritu
(Jn 8,12).
Jesús es la fuente refrescante de la salvación (Jn 7, 37).
Jesús es la nueva ley. Es la definitiva alianza de Padre con los hermanos
de su Hijo (Hb 3, 6; 12, 24).
Jesús es la tienda de la presencia divina que hospeda a cada hombre
caminante y cansado (Mt 11, 28 - 29).
Jesús, camino, verdad y vida, es nuestra pascua (Jn 14, 6). Es la pascua
definitiva. Por su encarnación es el tiempo; por su resurrección
es la eternidad.
Jesús pascual murió por nosotros; resucitó para nosotros;
es el Señor de nuestra historia y de la historia.
Porque Jesús el Cristo es nuestra pascua, nosotros somos pascuales.
De
la Pascua dominical y anual a la pascua escatológica
La pascua dominical y la pascua anual están preñadas de la pascua
escatológica.
La pascua dominical
La Iglesia, por una tradición apostólica que tiene su origen
en el mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio
pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón
día del Señor o domingo (SC 106).
Ya desde el inicio de la Iglesia, en el primer día de la semana, se
reunían las asambleas cristianas para la fracción del pan (Hch
20,7; 1 Co 16,2). Ese día se denominará Domini Dies, el domingo,
día del Señor (Ap 1,10).
El domingo une a los cristianos con Cristo en su eucaristía y los orienta
hacia la espera de la parusía (2ª venida gloriosa): ¡Anunciamos
tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor, Jesús!
La pascua anual
Además de la pascual dominical, desde el siglo II, se conmemora el
triduo pascual una vez al año.
La pascua anual celebra la liberación del pecado y de la muerte. Los
cristianos, ya regenerados y unidos a Cristo redentor, crucificado y resucitado,
vivimos bajo la expectativa de la gloriosa parusía.
La Iglesia celebra en el jueves santo la eucaristía del Señor,
anhelando que se cumpla en ella las palabras del señor Jesús
dichas en su última cena: Yo les aseguro que ya no beberé del
producto de la vid hasta el día aquél en que lo beba nuevo en
el reino de Dios (Mc 14,25).
La pascua escatología
El misterio pascual cristiano culminará con el encuentro definitivo
del Señor en su segunda venida gloriosa y decisiva.
Esperamos el gran paso. Deseamos la gran resurrección. Anhelamos el
gran encuentro.
Entonces nos sentaremos en las bodas del Cordero, en el banquete celestial
pleno, en el festín gozoso y definitivo del reino del Padre (Mt 26,29).
Todo será restaurado en Dios. Se volverá al paraíso.
Se recreará el nuevo Adán.
Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá
noche; no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque
el Señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos
de los siglos (Ap 22,5).
Una
entrada muy inteligente en un burro
La entrada solemne de Jesús en Jerusalén está narrada
en los cuatro evangelios: Mc 11,1-11; Mt 21,1-11; Lc 19,28-38; Jn 12,11-16).
Cuando Jesús se acercaba cabalgando a la ciudad, las gentes que lo
rodeaban y seguían lo aclamaron gritando: ¡Hosanna!
Este grito de Hosanna significaba originariamente algo así como ¡Salud!
¡Sálvanos!
El grito hosanna era una aclamación del Salmo 118, un salmo muy popular
que se cantaba en la fiesta de las chozas.
Más tarde se convirtió en el grito de los necesitados.
Jesús entra en Jerusalén, la ciudad amada, montado en un burrito,
y así cumple la profecía de Isaías: Mira a tu rey que
está llegando, humilde, montado en un burrito (Is 62,11).
La predicación de Jesús sobre el tiempo cumplido (Mc 1, 14-15),
sus señales y las fórmulas de sus palabras alimentaron las esperanzas
del pueblo en el sentido de que con Jesús de Nazaret había llegado
el consumador del tiempo, tal como se lo imaginaba el judío sencillo.
Y el hecho de que las gentes de su entorno fueran precisamente galileos en
su casi totalidad robustecía aún más esas esperanzas,
ya que Galilea era el bastión de la lucha por la libertad y los galileos
pasaban por ser los combatientes más radicales por el futuro mesiánico.
Cuando en el curso de la mañana, Jesús se dirigía a Jerusalén,
envió por delante a sus discípulos para que le llevasen un asno
(Mc 11,2ss; Mt 21,1ss; Lc 19,29ss; Jn 12,12ss). Esto era muy inusitado, porque
de ordinario los peregrinos, que se reunían en la ciudad para la fiesta
de la pascua, iban a pie. La entrada sería desacostumbrada.
Con aquel animal, y entrando en Jerusalén cabalgándolo, quería
Jesús protestar contra el mesianismo combativo a la vez que darse a
conocer como mesías.
En la falda del monte de los Olivos fue recibido por la multitud; la gente
agitaba palmas y ramas verdes, como lo habían hecho en la fiesta de
Tabernáculos al celebrar la anticipación litúrgica de
la recepción del mesías. Los hombres extendían sus mantos
sobre el suelo, manifestando así que Jesús podía disponer
de sus personas sin reservas para la lucha mesiánica; se trataba de
un símbolo antiquísimo para el reconocimiento de un rey. Algo
parecido habían hecho los hombres de Israel cuando Yehú les
dijo que había sido ungido rey por un discípulo de Eliseo: Inmediatamente
se quitaron todos sus vestidos, los pusieron a sus pies sobre los desnudos
escalones, tocaron el cuerno y gritaron ¡Yehú es rey! (2 Re 9,13).
Aquella entrada en la ciudad fue una proclamación regia. Pero Jesús
no hizo nada de lo que un jefe partisano o un cabecilla habría tenido
que hacer.
Los discípulos que empezaron a barruntar cuál era el camino
que le esperaba a Jesús, empezaron también a temer por Él
(Jn 11,8). La situación se agravaba por momentos para Jesús
(Jn 12,19).
No quedarse con los ramos. Quedarse con Jesús
¡Qué espectáculo, hermanos! Miren esas palmas. La
palma es el signo de la victoria, la palma es el signo del martirio, pero
de un martirio que después del tormento es gloria. Por eso el Domingo
de Ramos es un signo bellísimo en todos los pueblos. Con sus palmas,
con sus ramos, con sus flores, el pueblo le está diciendo a Cristo
que está dispuesto a ir con él al martirio y que con él
cree que ha de vencer la victoria de la fe. Esta es la victoria que vence
al mundo, vuestra fe, vuestra esperanza; no el odio, no el terror, no las
armas, no la represión, no la violencia. Eso no compone nada. Lo que
compone es esa fe de ustedes, hermanos, la fe de la procesión del Domingo
de Ramos, desfile pacífico con palmas en las manos, con una gran esperanza
en el corazón, con un gran amor en el alma. Este es el caminar del
pueblo de Dios. (Mons. Oscar Romero, homilía 19/3/1978).
P.
Mateo Bautista
Religioso Camilo