Comentario Bíblico Dominical

5to Domingo de Pascua

20 de abril de 2008

 

Primera lectura: Hech 6,1-7

Siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría

Salmo responsorial: Sal 32

Señor, que descienda tu amor sobre nosotros

Segunda lectura: 1 Ped 2,4-10

Raza elegida, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido.

Evangelio: Jn 14, 1-12

Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre.

 

Con resurrección no hay temor

 

Discípulos misioneros ministeriales

El libro de los Hechos de los Apóstoles refleja un conflicto existente en la primera comunidad cristiana. Unos miembros eran judíos palestinenses de lengua hebrea; otros eran judíos procedentes de la diáspora, de lengua griega, que se quejaban porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos. Un conflicto que se resuelve bajo el Espíritu del Resucitado con buena voluntad, diálogo y discernimiento espiritual, en una Iglesia: de comunión, misionera y ministerial.

La oración, la palabra, los sacramentos, el discernimiento en comunión y el servicio social-caritativo son ministerios indispensables en toda comunidad.

No basta con ser discípulos misioneros: obras son amores que no buenas razones. No hay que meter tijera al mandato misionero de Jesús: anunciar la Buena Noticia y practicar el carisma de la misericordia.

           

Sin ministerios laicales: viudez en la Iglesia

La Iglesia es comunidad-comunicación-comunión. La Iglesia es clerical-laical, sin confusión pero con complementariedad.

El pueblo fiel, todo él, participa del sacerdocio de Cristo. El pueblo de Dios es sacerdote-profeta-rey.

Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de Aquél que los llamó de las tinieblas a su admirable luz (1 Pe 2,9).

La Iglesia es laical en su 99.99%. El ministerio sacerdotal y el propio de la Vida Religiosa no hacen inútil el sacerdocio común de los fieles. El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo. (Lumen Gentium, 10).

Sin ejercicio ministerial laico, el pueblo de Dios se vuelve anémico espiritual. Sin el ejercicio ministerial laico, la Iglesia se vuelve ciega, sorda, muda y manca.

 

Vida eterna: hotel de cinco cielos

En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones… Donde yo esté, quiero que también estén ustedes (vv. 2-3).

Las palabras de Jesús sobre su partida a la casa del Padre crean un ambiente de intranquilidad entre los discípulos.

Si Él se va, quedan huérfanos, en duelo. ¿Y cómo se va? ¿A dónde se va? A los discípulos no les era fácil aceptar la muerte de Jesús, ¡y qué muerte! Por supuesto que no aceptaban que el Mesías debiera morir. No entendían tampoco el tema de la resurrección.

Jesús cuida nuestra salud emocional y mental: No se turbe vuestro corazón (v. 1). Vivir ya como resucitados en Cristo es la mejor terapia…

Las despedidas de Jesús son ausencias con presencias saludables.

 

Disculpe, Señor, ¿es éste el camino?

Un turista inexperto se perdió en medio de la tupida y peligrosa selva africana. Por fin, tras larga caminata, se encontró con un nativo a quien le rogó:

¿Me puede mostrar usted el camino a través del bosque, por favor?

Ya habían avanzado un buen trecho cuando el turista entró en dudas, e indagó:

Disculpe, señor, ¿es éste el camino?

El nativo respondió:

Señor, aquí no hay caminos; yo soy el camino.

Sólo Jesús es el camino, la verdad y la vida. Los otros son senderos tortuosos, de mala muerte. Jesús, el camino para recorrerlo con Él; Jesús, la verdad para recrearla con Él; Jesús, la vida para gozarla y quemarla con él, en Él, para Él.

 

Prueba de ADN a Jesús para conocer al Padre

Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta» le dice Jesús: «tanto tiempo hace que estoy con ustedes y ¿no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (v. 8-9).

 

Señor Jesús,

que yo te busque para que Tú me encuentres;

que yo te coma para que Tú me asimiles;

que yo te conozca para que yo sea conocido como Tú me conoces.

 

Y como nunca un Padre se pareció tanto a su Hijo,

para que buscándote, comiéndote y conociéndote

me encuentre con tu Padre, mi Padre.

Amén.

 

 

 

P. Mateo Bautista

Religioso Camilo