Comentario Bíblico Dominical

XII domingo durante el año

22 de junio de 2008

 

Primera lectura: Jer 20,10-13

El Señor está conmigo

Salmo responsorial: Sal 68

Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor

Segunda lectura: Rom 5, 12-15

No hay proporción entre el don y la falta

Evangelio: Mt 10,26-33

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo

 

No teman y den la cara por Jesús

 

La situación del cristiano ha cambiado

La situación de la fe en el mundo ha cambiado. Ha cambiado la situación de la Iglesia en los países donde predomina otra religión. Pero también ha cambiado la situación de la Iglesia en países mayoritariamente católicos. El cambio va desde la indiferencia hasta el rechazo-agresión-persecución. En países que predomina nuestra fe católica se observa una estremecedora dosis de materialismo, indiferentismo religioso, ausencia de práctica eclesial-sacramental. Frente a un claro y decidido testimonio evangelizador se revelan la vergüenza y cobardía de manifestarse creyentes.

Y las consecuencias son evidentes: la fe pierde su gancho liberador-sanador-salvífico; no se confiesa a Jesús, desaparece la nobleza contestaria del evangelio: aparecen los atentados contra la vida como la práctica y legalización del aborto; también el relativismo moral. Decae la educación religiosa. La consecuencia: el miedo a no testimoniar y anunciar la Palabra de Dios.

 

Miedos y pérdidas

Los hombres solemos temer las pérdidas de salud, empleo, seguridad e imagen social; las pérdidas y muerte de seres queridos. Pero hay otros temores que Jesús devela con sus palabras. Él nos alerta: hay que temer por no vivir con autenticidad; temer por lo que no falta: no vivir bajo una cosmovisión cristiana. En efecto, temer lo que nos falta si no ponemos a Dios en la centralidad de nuestra vida. Y temer no a los que pueden matar el cuerpo sino a aquel que puede hacer perder el alma.

No hay nada oculto que no deba ser revelado. Jesús explicita a sus discípulos que su mensaje no puede ser escondido sino que sale a la luz necesariamente, de manera que nadie puede ser su discípulo si no se identifica públicamente con Él, lo anuncia y está dispuesto a soportar lo que soportó el Maestro.

 

No teman a los que matan el cuerpo

Jesús nos exhorta: No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquél que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno.

Muchos mártires a lo largo de la historia sufrieron persecución y muerte por causa de la fe. A ellos no les importó sacar lo que estaba oculto a la ley ni proclamar en voz alta lo escuchado al oído. No tuvieron miedo y paradójicamente, el premio que recibieron fue el compartir la muerte y la resurrección del Señor.

Los mártires sabían que Dios no evitaría la persecución o incluso la muerte por causa del evangelio. En el dolor de la persecución aparecía la fortaleza de saber que hasta nuestros cabellos están contados por Dios providente; sí, que Dios con su providencia, dirige todos los acontecimientos humanos.

Es significativo que los mártires, se consideran indignos de sufrir por quien sufrió para redención de ellos.

 

Con Dios no hay medias tintas

Jesús nos recuerda: Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

Hoy, en una sociedad democrática y pluralista, no suele haber persecución a causa de la confesión de la fe, pero el deseo de hacer dormir la fe es evidente.

Que el miedo a no ser considerados socialmente no paralice nuestra fe. No hagamos nuestros los slogans ideológicos del mundo que contradicen el espíritu evangélico. No usemos los métodos anticristianos. No caigamos en la vulgaridad y mediocridad de espíritu.

Y, sobre todo, que nos venga el pánico por conformarnos con una vida sin Cristo.

 

 

 

P. Mateo Bautista

Religioso Camilo