Comentario Bíblico Dominical
XXI domingo durante el año
24 de agosto de 2008
Primera lectura: Is 22,19-23
Será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá
Salmo responsorial: Sal 137
Tu amor es eterno, Señor
Segunda lectura: Rom 11, 33-36
¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios!
Evangelio: Mt 16,13-20
Yo te daré las llaves del reino de los cielos
¿Quién es Jesús para mí?
¿Quién soy yo para Jesús?
¿Qué decía la gente que era Jesús?
Jesús hace un sondeo: ¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre?
Los discípulos recogen las impresiones que han oído a la gente. El pueblo ve en Jesús a uno más entre los grandes de la historia de Israel. Su valoración positiva se expresa en afirmaciones o comparaciones que no comprometen en nada. Esas opiniones positivas dejan sin embargo intacto lo principal: la divinidad de Jesús.
¿Qué dice hoy la gente de Jesús?
La figura histórica de Jesús es una figura apasionante. Se ruedan películas, se escriben libros apasionados, se canta su vida y sus obras. Surgen inesperadamente grupos juveniles, movimientos de religiosidad, sectas, New Age, esoterismo,… todos reclaman a Jesús como suyo viendo en él un modelo de humanismo, el defensor de los pobres, la voz de los oprimidos, el héroe de la caridad y mártir de la justicia.
Lo mismo que la gente de su tiempo, todos los consideran grande, pero ese juicio es insuficiente si no se llega a la intuición de Pedro para ver en él al Hijo de Dios y salvador de los hombres. No bastan los rasgos de grandeza humana si no se confiesa su carácter divino. Si es puro hombre, no puede salvar a los hombres.
La esencia de la fe cristiana consiste en afirmar bajo la moción del Espíritu Santo que Jesús es el Hijo de Dios (Cf. 1 Cor 12,3). Todo el que es capaz de hacer esta profesión de fe, ha sido iluminado por el Padre lo mismo que Pedro en Cesarea.
¿Qué dijo Pedro sobre Jesús?
Tú eres el Mesías; el Hijo de Dios vivo, responde Pedro a Jesús.
Las palabras de Pedro son una perfecta profesión de fe cristiana. Mateo no se contenta con la expresión de Mc 8,29: Tú eres el Mesías, que Jesús rechaza por reflejar la concepción popular del mesianismo.
El Hijo de Dios vivo. Pedro opone el Dios verdadero a los ídolos muertos. Vivo significa el que posee la vida y la comunica. Vivo y vivificante, Dios activo y salvador. También el Hijo es, por tanto, dador de vida y vencedor de la muerte.
En Jesús, reconoce Pedro al esperado por los judíos desde siglos como Salvador de los hombres. Lo que Pedro ve en Jesús no es, por tanto, un profeta, un hombre inspirado como otros que le han precedido. Eso lo ve la gente. Pedro ve al enviado único de Dios, al Mesías y Cristo. Un hombre en quien se compromete la realidad de Dios en una existencia humana.
A esta confesión de Pedro, Jesús responde con una palabra de felicitación y un encargo muy especial de cara a la Iglesia (Mt 16,17-19). Jesús declara dichoso a Pedro, no por sus méritos, sino porque el Padre le ha revelado el misterio de reconocerlo como Mesías y como Hijo de Dios y le confía la misión de ser la roca sobre la que asentará su Iglesia, reunida en torno a los discípulos.
Petros / Petra
Hay en el evangelio de este domingo dos términos, piedra y roca, que no son equivalentes. En griego, petros es nombre común, no propio, y significa una piedra que puede moverse e incluso lanzarse. La roca, en cambio (en griego: petra) es símbolo de la firmeza inconmovible.
El cambio de nombre produce un juego de palabras que describe plásticamente la tarea que Jesús le encomienda: ser roca firme, para que la Iglesia no sucumba ante las dificultades. Para ello le entrega las llaves del reino y le confiere el poder de atar y desatar.
La entrega de las llaves equivale al nombramiento de mayordomo supremo, como aparece en algunos textos del Antiguo Testamento (véase la primera lectura: Is 22,19-22). Por su parte, la expresión atar y desatar designaba entre los judíos de la época la potestad para interpretar la ley de Moisés con autoridad. Así pues, Jesús nombra a Pedro mayordomo y supervisor de su Iglesia, con autoridad para interpretar la ley según las palabras de Jesús, y adaptarla a nuevas necesidades y situaciones.
Pedro es la roca que no suplanta ni sustituye a la piedra angular que es Cristo. El ministerio petrino es, ante todo, testimonio de la adhesión a Cristo, como el Mesías, el Hijo de Dios vivo; signo de unidad para todas las Iglesias particulares; gobierno de servicio al servicio del pueblo redimido por Cristo.
Pedro de Jesús
Aquel entusiasta que lloró su cobardía, un buen día abandonó las orillas del lago para encaminarse a la capital del imperio romano para testimoniar que Jesús es el Mesías, el Hijo del Dios vivo.
Pedro fue bienaventurado por recibir una revelación divina, bienaventurado por recibir una misión eclesial única; bienaventurado por ser apóstol misionero mártir: Jesús de Pedro; Pedro de Jesús.
Nosotros, discípulos misioneros, elegidos por el Señor, mirando a Pedro, comprendamos mejor los caminos de la gracia, a pesar de nuestras miserias; y asumamos nuestra misión y responsabilidad indelegables en la Iglesia de Cristo.
Meditemos: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Quién soy yo para Jesús?
P. Mateo Bautista
Religioso Camilo