Comentario Bíblico Dominical

6to Domingo de Pascua

27 de abril de 2008

 

Primera lectura: Hech 8,5-8.14-17

Les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo

Salmo responsorial: Sal 65, 1-3.4-7.16.20

Aclame al Señor toda la tierra ¡Aleluya!

Segunda lectura: 1 Ped 3,15-18

Ustedes se comportan como servidores de Cristo

Evangelio: Jn 14, 15-21

El que recibe mis mandamientos y los cumples, ése me ama

 

Amar a Jesús es la salud del alma

 

Pentecostés samaritano

Incluso una puerta pesada no tiene necesidad más que de una pequeña llave (Charles Dickens). La resurrección de Cristo es la llave de la puerta grande de la liberación, sanación, salvación.

Judíos y samaritanos: dos caras de una misma moneda que no se podían ver. Estaban tan enemistados que se odiaban fraternalmente.

En el siglo I eran tensas las relaciones entre judíos y samaritanos. La enemistad se enraíza por motivo de la construcción de un santuario samaritano sobre el monte Garizín (IV a.C.). Juan Hircano, el asmoneo, (134-104) se apoderó de Siquem y destruyó el templo. Duras son las expresiones de Ecl 50,25-26 y Dt 32,21. Se llegó a pedir a los samaritanos una nueva circuncisión, debido a la mezcolanza de israelitas con otros pueblos (Fl. Jos. Ant. 9,14,3). Eran denominados Kuteos, descendientes de colonos medo-persas. Recibían este nombre porque muchos procedían de kutá. La palabra samaritano era grave injuria en boca de un judío (Cfr Jn 8,48). Para colmo de males, bajo el procurador Coponio (6-9 d.C.) en la celebración de la Pascua, profanaron el templo de Jerusalén, esparciendo en él huesos.

Los discípulos de Jesús vivian con esta mentalidad. Ante el mal recibimiento en un poblado samaritano (Cfr. Lc. 9,51-56), los discípulos querian pedir fuego del cielo para consumirlo. Jesús los reprende.

El Pentecostés de Jerusalén se repite en Samaría: Dios, Padre de todos; el Hijo, redentor para todos; el Espíritu Santo, iluminación y santidad en todos. Samaría y Jerusalén, enemigas, se abrazan. El Espíritu del Resucitado crea un hombre nuevo, una cosmovisión nueva, unas relaciones nuevas, un mundo nuevo.

La resurrección de Cristo es el principio de una segunda creación. Es la creación del hombre verdadero a imagen y semejanza de Dios, a imagen y semejanza de Cristo. Sí, Resurrección es liberación, sanación, salvación.

           

Autoestima pascual

Los cristianos debemos dar razón de nuestra esperanza; no somos acomplejados. Sabemos que no somos los dueños del mundo pero sí los hijos del dueño del mundo. No tenemos ni miedo ni vergüenza. Vivimos la alegría pascual. Presumimos de la misericordia de Dios en nuestra vida. Nos adherimos a Cristo resucitado, fundamento de nuestra esperanza.

Todo debemos hacerlo con la inteligencia, actitudes y estilo de Jesús: sencillez, mansedumbre, respeto, humildad y serenidad frente a quienes calumnian y persiguen.

El cristianismo no es el arte de sufrir innecesariamente sino el arte de sufrir salvìficamente.

La resurrección es cristificación y cátedra de la razón de nuestra esperanza… y autoestima pascual.

Glorifiquen en sus corazones a Cristo el Señor. Cristificarse es la mejor manera de glorificar a Cristo.

 

Si me aman, cumplirán mis mandamientos

Conocer a Jesús es amarlo, amar a Jesús es conocerlo.

En los domingos pascuales anteriores, Jesús resucitado se presentaba ante sus discípulos desorientados; comunicaba paz, ánimo y alegría. Acompañaba a dos de ellos en duelo. El Resucitado entregaba todo su amor a los suyos; pedía para ellos el Espíritu Santo.

Ahora el amor de Jesús se debe transformar en amor amado; y este amor amado en amor amante, propio de discípulos misioneros ministeriales. La dinámica del amor divino: Dios te ama; para que te ames; para que ames a Dios y a los hombres. Los amados por Dios son amadores y hacederos del bien.

Sí, también para el discípulo del Resucitado, obras son amores que no buenas razones. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama, dice Jesús.

Señor los que no te conocen, no te aman. Los que no te aman, no te conocen (Santa Teresa de Jesús).

 

El amigo del alma y en el alma

El Espíritu Santo es el gran don de Cristo resucitado a su Iglesia, nacida del misterio pascual: Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce.

La película basada en la obra de Georges Bernanos (1888 - 1948), Diálogo de Carmelitas (publicación póstuma, en 1949) muestra una secuencia realmente impresionante.

Durante la Revolución francesa, en medio de una brutal persecución religiosa, las monjas de un convento de carmelitas se prepararon para lo peor. Estaban resueltas a dar la vida por su fe. Sólo una de ellas, Ana de la Force -joven, frágil, tímida-, optó por abandonar el convento, incapaz de afrontar el martirio.

Llegó el día en que todas las religiosas carmelitas fueron condenadas a la guillotina. Colocadas en fila frente al cadalso, entonaron el antiguo y bellísimo himno al Espíritu Santo en su melodía gregoriana: Veni Creator Spiritus. Cantando, una a una, iban subiendo al cadalso mientras rodaban sus cabezas. Al final, sólo quedó una religiosa que inició la última estrofa del canto.

En ese momento, cantando desde el público, se unió a ella la voz de una joven de apariencia frágil, pero valiente y decidida. Era Ana de la Force, la joven que había abandonado el convento por miedo. Ella, impulsada por la fuerza del Espíritu Santo, cantó la última estrofa mientras subía al cadalso para dar la vida por Cristo junto a sus hermanas.

Espíritu Santo, amigo del alma y en el alma; amigo de siempre y para siempre…

 

No los dejaré huérfanos

Jesús se está despidiendo y no quiere que sus discípulos se angustien por su muerte. Les revela algo íntimo de su corazón: un plan maravilloso para ellos: No los dejaré huérfanos. Jesús anuncia que estará presente de una manera nueva, que sólo podrán descubrir con los ojos de la fe; por eso el mundo no lo podrá descubrir, pero ellos sí podrán reconocerlo: ustedes sí me verán. Y ese encuentro con Jesús será una vida nueva: Yo vivo y ustedes vivirán.

Los cristianos no somos huérfanos de Padre. Tenemos un Padre bueno providente. No somos huérfanos de hermanos. Cristo, nuestro hermano mayor, fue capaz de sufrir y morir por nosotros. No somos huérfanos de amigos; el espíritu Santo es el amigo del alma y en el alma…

No somos huérfanos. Somos miembros de la Familia Trinitaria; y herederos de la gran fortuna del Reino de los cielos. No hay porqué temer ni angustiarse…

 

 

 

 

P. Mateo Bautista

Religioso Camilo