Comentario Bíblico Dominical
Solemnidad de san Pedro y san Pablo
29 de junio de 2008
Primera lectura: Hch 12,1-11
De pronto apareció el Ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo
Salmo responsorial: Sal 33,2-9
Bendeciré al Señor en todo tiempo
Segunda lectura: Timoteo 4,6-8.17-18
Yo estoy a punto de ser ofrecido en sacrificio
Evangelio: Mt 16, 13-19
¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!
Un crucificado que enamora
Fiesta de la apostolicidad de la Iglesia
Estos son los hombres que, mientras estuvieron en la tierra, plantaron la Iglesia con su sangre: bebieron el cáliz del Señor y llegaron a ser amigos de Dios (Antífona de entrada).
En este domingo estamos congregados alrededor del altar del Señor para celebrar la solemnidad de san Pedro y san Pablo, dos enamorados de Jesús, dos columnas (Gál 2,9) sobre las que nuestro Señor Jesús edificó la Iglesia. Desde el siglo III se viene celebrando en la liturgia esta fiesta conjunta de los dos apóstoles.
Simón Pedro, pescador de Galilea, fue el elegido por el Señor para ser piedra visible y el fundamento de la unidad de la Iglesia. Pablo nos inspira la difusión del Evangelio a todas partes y a todas las culturas.
Por caminos diversos, los dos congregaron la única Iglesia de Cristo (Prefacio).
En el Credo recitamos: Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Un pescador pescado
Pedro nació en Betsaida Julia (Jn 1,44), a tres kilómetros al norte de Galilea. Hijo de Jonás (Mt 16,17) o de Juan (Jn 1,42). Se trasladó con su familia a Cafarnaúm (Mc 1,29). Era pescador con su hermano Andrés (Mc 1,16). Estaba casado, y el Evangelio narra la curación de su suegra (Mc 1,30).
Su vocación es narrada diferentemente (Mc 1,16-18; Lc 4,14-23, 31-39, 5,1-11; Jn 1,35-42). Jesús le cambió el nombre (Mc 3,14-16; Lc 6,14; Mt 16,13-20) y le dio una misión única y especial: el primado entre los apóstoles. Ocupó el lugar más destacado dentro del grupo (Mt 15,15; Lc 12,41; Jn 6,68; Lc 22,33; Mc 14,28; Hech 15,711).
Pedro fue un hombre a quien Jesús le cambió la vida. Experimentó, en su propia vida, enojos, caídas, negaciones, infidelidades... pero perseveró. Era misionero con su esposa (1 Cor 9,5). Animador de las incipientes comunidades (Hch 8,14ss).
Pedro amó tanto a Jesús que terminó dando la vida por Él de la manera más cruel (Jn 21,18). Según la tradición fue obligado a ver la crucifixión de su esposa, a quien animaba a morir por Cristo. Pidió que lo colocaran cabeza abajo, en la cruz, porque no era digno de morir de la misma manera que su Señor.
Y todo por una mirada de misericordia de Jesús.
El que hizo del Mediterráneo una autopista para Cristo
Pablo: circuncidado al octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo (Fil 3,5).
Hacia el año 35, Saulo se convierte y recibe su vocación. Cambia de nombre: Pablo. Desde entonces su vivir es Cristo.
Consagra toda su vida a la expansión del evangelio entre los gentiles a través de sus viajes misioneros y sus cartas apostólicas.
Año 55-58: de la prisión de Cesarea es llevado a Roma (Hch 27,1-44; 28,1-10) Pablo en arresto domiciliario en Roma (Hch 28,30). En el 58, proceso de Pablo ante el tribunal imperial, condena y muerte. Ni la persecución, ni la angustia… ni la espada podrán separarnos del amor de Cristo (Rom 8,35).
Pablo: el carismático, el perseguidor-perseguido, el ex-fariseo, el divulgador de Cristo, la inteligencia al servicio del evangelio, el corazón unificado en Cristo, el hombre que hizo del Mediterráneo una autopista para Cristo…
Y si ellos pudieron,… nosotros también
La celebración litúrgica es recuerdo pero, sobre todo, actualización del misterio de nuestra salvación. Admiremos a san Pedro y a san Pablo pero, iluminados por la gracia divina, encarnemos su espíritu de enamorados de Cristo.
Digamos con Pedro: Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6,68).
Y hagamos como Pablo: En cuanto a mí, la misma Ley me llevó a morir a la Ley a fin de vivir para Dios. He sido crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Todo lo que vivo en lo humano lo vivo con la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí (Gál 2,19-20).
Lo que la gracia divina pudo en ellos, puede también en nosotros. La gracia divina ya está dispuesta a obrar, ¿y nosotros, qué?
Comienza el año Paulino
El Papa Benedicto XVI ha convocado a toda la Iglesia Católica a celebrar un año jubilar especial, del 28 de junio de 2008 al 29 de junio del 2009. A este período se conoce como el Año Paulino. Nos invita a celebrar el año dedicado a san Pablo, contemplando su fidelidad y siguiendo su ejemplo en la evangelización de todos los pueblos.
El Papa nos convoca para que en este Año Paulino se programe con una serie de actividades litúrgicas, culturales, ecuménicas, sociales y pastorales: En cada parte del mundo, iniciativas análogas podrán ser realizadas en las diócesis, en los santuarios, en los lugares de culto por parte de las instituciones religiosas, de estudio o asistencia, que llevan el nombre de san Pablo o que se inspiran en su figura y sus enseñanzas.
Y, sin duda, una manera muy elogiable de aprovechar el Año Paulino será leer, meditar y practicar los escritos del Apóstol de los gentiles.
En comunión con el Papa, sucesor de Pedro
Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no la vencerá. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos: lo que ates en la tierra será atado en los cielos y lo que desates en la tierra será desatado en los cielos (Mt 16,18-19).
En el libro de los Hechos de los Apóstoles hemos leído también: Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.
Oremos por el Papa Benedicto XVI para que, como sucesor de Pedro, roca en que edificó Cristo su Iglesia, anime solícitamente a todo el pueblo de Dios. Manifestemos pública y constantemente nuestro afecto filial por él; estemos atentos a sus enseñanzas; leamos con provecho espiritual sus libros y encíclicas.
Y, tú, ¿quién dices que es Jesús?
¿Quién dice la gente que soy yo?, pregunto Jesús. Las respuestas reflejan el pensamiento de los contemporáneos de Jesús. Estaban despistados. En aquel tiempo, decían Elías o Juan el Bautista; hoy, la gente dice de Jesús que es un profeta, un hombre extraordinario, el primer revolucionario, un mito, ¡y cuántas cosas más!
Jesús entonces le dijo: Feliz eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Revelación no fruto de la especulación sino de la humilde apertura al Espíritu.
Nosotros no minimicemos a Jesús como muchos que dicen admirarlo por otras razones. Él es el nazareno, es el Hijo de Dios, el Resucitado, vivo entre nosotros, el Señor de la historia, el salvador.
Y tú, ¿quién dices que es Jesús?
P. Mateo Bautista
Religioso Camilo