Comentario Bíblico Dominical

2do Domingo de Pascua

30 de marzo de 2008

 

Primera lectura: Hech 2,42-47

Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Salmo responsorial: 117, 2-4.13-15.22-24

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!

Segunda lectura: 1 Pe 1,3-9

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo.

Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente.

Evangelio: Jn 20,19-31

¡Felices los que creen sin haber visto!

 

¿Todo tiene remedio menos la muerte?

 

La gracia de las gracias

Todo tiene remedio; hasta la muerte. Para eso, Dios inventó la Resurrección.

La Gracia de todas las gracias es la Resurrección de Cristo, primicia de nuestra propia resurrección.

 

Los discípulos no eran unos credulones

Ninguna aparición sucede de noche ni en sueños, ni es provocada por la ilusión, expectativa o alucinación subjetiva del grupo de discípulos. Jesús no es reconocido en un primer momento. Su cuerpo es glorioso. Se lo reconoce por su palabra, un signo, un gesto.

Jesús echa en cara a los apóstoles su incredulidad. Siete expresiones significativas en este relato: no creeré, incrédulos, hombre de fe, crees, creen, crean, creyendo.

Precisamente esa incredulidad de los apóstoles es el mejor argumento para la autenticidad de nuestra fe.

La resurrección es el gran don de la misericordia de Dios que hay que orar.

 

El Resucitado, todo lo hace nuevo… y bueno

Ideas vitales de este evangelio:

·              El primer día de la semana; es decir, el domingo. Este día es icono de la resurrección y de la eucaristía.

·              Cristo aparece en medio de la comunidad (comunión) y por tres veces desea la paz, la mejor herramienta contra el miedo y la desesperación.

·              El Resucitado comunica el don del Espíritu Santo.

·              Como el Padre me envío, también les envío yo (discípulos misioneros).

·              A quienes les perdonen los pecados…(La Iglesia nos reconcilia en Cristo)

·              Dichosos los que creen sin ver…

·              Para que ustedes crean que Jesús es el Mesías.

·              Para que creyendo tengan vida en su nombre.

La resurrección de Cristo es nuestra re-creación.

 

Los frutos de la resurrección

De las apariciones de Cristo se siguen, como efecto inmediato, la reafirmación de la fe y la total transformación personal de los apóstoles.

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo.

Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente.

Ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación (Cf. 1 Pe 1, 3-9).

La resurrección es la brújula de la cosmovisión del creyente.

 

Tocar y retocar

Pero, si el Señor había venido para ser tocado, ¿Cómo es que, en aquel otro pasaje que se lee poco antes, le dice a María Magdalena: “No me toques, porque todavía no he subido al Padre?” (Jn 20,17) A la mujer que cree le dice: “No me toques”; al varón que no cree le dice: Toca. María, en efecto, ya había corrido al sepulcro y pensando al principio que el Señor, que estaba allí de pie, fuera cuidador de la huerta, le había dicho: “Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo” (Jn 20,15). El Señor, como respuesta, pronunció su nombre: “María”. Y ella, al ser llamada por su nombre, en seguida lo reconoció. Él la llamó y ella lo reconoció. Llamándola por su nombre, la hizo feliz y le concedió el conocimiento. En seguida, por lo tanto, cuando oyó su nombre con aquella autoridad y voz acostumbrada, también ella respondió como de costumbre: “¡Maestro!” (Jn 20,16). María ya había creído y por eso el Señor le dijo: “No me toques, porque todavía no he subido al Padre” (San Agustín, Sermón 375, C, 1).

¡La resurrección de Cristo me tocó y retocó!

 

¡Tomás, el empirista!

Tomás es presentado como incrédulo, contestarío, crítico, empirista: Si no veo la marca de los clavos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.

Dios, paciente y misericordioso, respeta los tiempos de crecimiento espiritual. El Señor concede la gracia, pero pide su aceptación con apertura de espíritu al Espíritu: ¡Felices los que creen sin haber visto! Exigir a Dios signos, prodigios y milagros para creer es tentar la fe.

Tomás manifiesta una magnífica confesión de fe: ¡Señor mío, Dios mío!

Y Tomás nos enseña algo fundamental: pudo abrir su corazón al Resucitado gracias a  que permaneció en comunidad, comunicación y comunión con los apóstoles, con la Iglesia. ¿Cómo puede uno tener a Dios como Padre si no tiene a la Iglesia como madre?

 

Jesús, el Kyrios

Los primeros cristianos expresaban  y sintetizaban su fe (hasta el martirio) de esta manera: Cristo ha muerto por ti; Cristo ha resucitado para ti; Cristo es el Señor de la historia y de tu historia.

Cristo, el horizonte de tu cosmovisión personal.

Cristo, el que marca la diferencia de tu antes y de tu ahora.

Cristo, el eliminador de tus ídolos de muerte.

Cristo, tu saludable inteligencia emocional, mental, social y valórica.

Cristo, tu esperanza y tus garras.

Cristo, el Señor que señorea tu vida.

¡Señor mío, Dios mío!

 

El gran pecado de un cristiano

La cuaresma (que tiene lentes pascuales) pedía una metanoia: conversión de mente y corazón.

El gran pecado de un cristiano en no constituir al Resucitado como el centro de su mente (la cosmovisión de vida) y el centro de su corazón (la cosmovisión afectiva). Si el Resucitado no es de primera en la vida de un creyente pasará a ser de segunda, tercera y hasta de cuarta; y otros ídolos de muerte ocuparán el primer lugar.

Por la fe del corazón llegamos a la justificación y por la profesión de los labios a la salvación (Romanos 10,10).

 

 

 

 

P. Mateo Bautista

Religioso Camilo