¿Qué
es el síndrome general de adaptación?
El
término síndrome procede del griego síndrome: concurrencia,
grupo de síntomas que se presentan juntos; suma de signos de un
estado patológico; complejo de síntomas que describe los
cambios fisiológicos que se van produciendo en el organismo como
consecuencia de la presencia de un estímulo o situación
distresores, tras una respuesta desadaptativa.
Todos los organismos, tanto los de la naturaleza animal como vegetal,
ante situaciones distresantes, presentan esta respuesta de activación
generalizada e inespecífica.
El fisiólogo Hans Selye1, en una investigación inyectó
en ratas una solución de extractos de ovarios de vaca y evaluó
los efectos; mientras que a otro grupo de ratas les inyectaba solamente
una solución salina totalmente inactiva. Ambos grupos se alteraron
de igual manera. Así pudo comprobar que este cuadro de alteraciones
fisiológicas lo producía el acto de inyectar la solución,
como así también varias otras situaciones adversas cuando
éstas eran experimentadas crónicamente (el frío y
el calor extremos, los traumatismos, las hemorragias, las infecciones,
la irritación nerviosa). Llamó a esto síndrome de
estrés biológico, que fue conocido después como síndrome
general de adaptación.
Selye observó la activación del sistema simpático-adreno-medular
que provocaba:
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Aumento del tamaño de las glándulas adrenales
por hiperactividad.
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Reducción considerable de los órganos del sistema
inmunológico como el timobazo (órgano linfoide,
sitio de producción de los linfocitos T, el que luego
involuciona pasada la pubertad) y los nódulos linfáticos.
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Úlceras
sangrantes en el estómago y en los intestinos superiores.
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Incluyó además, como respuesta al estrés,
la activación del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal,
dando importancia a las hormonas esteroideas que se producen
en las glándulas adrenales y, en especial, los glucocorticoides.
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El
Síndrome general de adaptación está caracterizado
por tres fases:
• Fase 1: Reacción/respuesta de alarma.
El individuo se enfrenta a una situación de amenaza que desencadena
una activación del sistema simpático adrenomedular con secreción
de adrenalina y noradrenalina. Como consecuencia de los cambios fisiológicos,
el organismo trata de conseguir un despliegue máximo de los recursos
para luchar o huir del peligro.
Esta fase de alarma no puede mantenerse de forma continua, pasando el
organismo y la persona a la segunda fase.
• Fase 2: Resistencia.
Si la amenaza no desaparece, lo más adaptativo para el organismo
y la persona es asegurarse una distribución paulatina de los recursos
de modo que no se agoten. La respuesta fisiológica predominante
es la del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal; sus productos
finales, los glucocorticoides contribuyen a la movilización de
energía mediante la activación de las fuentes en que ésta
se almacena en el resto del cuerpo (azúcares y grasas). Simultáneamente,
el organismo pone en marcha mecanismos de ahorro de energía evitando
realizar actividades que no tienen una finalidad inmediata para la supervivencia
del individuo (ausencia de actividades sexuales o reproductoras entre
otras). Si las circunstancias iniciales se mantienen durante un periodo
aún mayor, las adaptaciones corporales conseguidas pueden ser insuficientes
y el individuo entra en la tercera fase.
• Fase 3: De agotamiento o de extenuación.
A esta fase se llega con la magnitud y el tiempo de la circunstancia distresante.
La persona ha perdido la capacidad de resistencia y con los signos de
una pérdida de capacidad de adaptación del organismo sobreviene
el colapso o claudicación. En esta fase, las enfermedades se tornan
probables, y puede ocurrir la muerte.
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