ABUSO SEXUAL DEL MENOR

Según el concepto médico, abuso sexual del menor es la exposición deliberada de éste a la actividad sexual. Esto significa que el niño es forzado o persuadido por otra persona al sexo o a las actividades sexuales. Este abuso incluye tocar, acariciar, tener relaciones sexuales, practicar sexo oral, pornografía u otra actividad sexual.

Las violaciones sexuales al menor han alcanzado niveles escalofriantes y son ya parte de una gama del amplio espectro antisocial. Existe un lucrativo mercado de pornografía infantil (revistas, video, internet), que es secuela y motor del abuso sexual del menor. ¿Quién y cómo es el autor de este repugnante acto criminal? El violador es frecuentemente un familiar de la víctima, o una persona de su entorno social. Es un pedófilo.

El perfil del pedófilo obedece al de un varón de 30 a 50 años, inmaduro, con problemas de comunicación y de relaciones sociales. Tiene una baja autoestima. Su inseguridad personal la compensa a través de las relaciones sexuales con menores, sintiéndose poderoso, dominante y seguro; sensaciones ausentes en las relaciones con adultos. Carece de empatía, y por tanto es insensible a los sufrimientos de sus víctimas. No suele usar la violencia, carece de sentimiento de culpa y cree que su conducta sexual es apropiada y por ello no busca ayuda profesional. Su primer acto pedófilo lo comete en la adolescencia, es reincidente y busca muy a menudo gratificación sexual. El pedófilo tiene una relación afectiva alterada con sus padres, socialmente es inmaduro y posee un escaso autocontrol. El abusador con frecuencia fue víctima de maltrato físico o violación sexual.

El abuso sexual se da en todas las clases socioeconómicas de la sociedad. Es más frecuente en familias desorganizadas, en hogares donde se consume alcohol y drogas psicoactivas.
El hecho de que el violador, una persona mayor, abuse de un menor, hace que el abuso sexual sea psicológicamente más devastador. El esquema de síntomas emocionales que presenta el niño violado, consiste en una ansiedad aguda los dos primeros días, seguido de un período de aparente estabilización que pude durar semanas o meses, presentando finalmente un estado depresivo con síntomas psicosomáticos. La gravedad de estos síntomas depende de las características del abuso, la duración de la relación con el abusador y la edad del niño. Generalmente aparecen los siguientes trastornos: problemas para dormir, dolores de cabeza que se repiten, dolores leves de estómago, trastornos intestinales, como ensuciarse, trastornos alimentarios, como la anorexia nerviosa, síntomas rectales o genitales, como dolor con la micción o las deposiciones o secreción vaginal, problemas en el desarrollo o regresiones. Los problemas psíquicos y de conducta se manifiestan a través del bajo rendimiento escolar, hiperactividad, conducta autolesiva, miedo, culpa y vergüenza, consumo de alcohol y drogas psicoactivas. Suelen presentarse cuadros de depresión, ansiedad y baja autoestima. Algunos niños pueden llegar a rechazar su propio cuerpo, mostrar rencor y desconfianza hacia los adultos y tener conocimientos sexuales no propios de su edad.

¿Qué hacer con un niño violado?

Lo primero es dar parte urgente a las autoridades. Luego el médico pediatra hará el reconocimiento físico en busca de lesiones como heridas alrededor del ano, desgarros del esfínter anal, rupturas vaginales para su posterior reparación quirúrgica. Otras áreas afectadas pueden ser la boca, la garganta, el pene. El médico también ordenará examen de sangre para verificar la presencia de enfermedades venéreas como la sífilis y VIH, y ver si existe un embarazo. La ayuda de un psiquiatra o un psicólogo es de suma importancia para evitar que el trauma psíquico perdure toda la vida. Se recomienda tener mucho tacto en el desarrollo del examen médico-psicológico. Una palabra sin el debido tono, un examen ginecológico algo brusco, un interrogatorio policial abrumador influenciarían considerablemente a que el trauma emocional perdure de por vida.

El tratamiento adecuado tendrá éxito, siempre que éste cuente con el apoyo familiar, social, psicológico, y evitando por encima de todo la revictimización del niño. Debido a que los abusadores se encuentran en su mayoría en el entorno familiar, una gran parte de las familias están más interesadas en proteger al adulto que al menor. Esta conducta trae consecuencias a largo plazo o para el resto de la vida: trastorno de la alimentación, hipocondría, inhibición erótica y trastornos de la vida sexual, depresión, ansiedad, baja autoestima y retraimiento social.

Nos resta prevenir al niño de los peligros sexuales que le acechan a través de una información objetiva y desapasionada. No es suficiente decirle al menor que no se acerque a los extraños ni que acepte sus dulces, hay que decirle el porqué.

Dr. Mario Ramírez Gil
Pedagogo terapeuta

Tomado de la Revista
BODAS
Año 4, Nº 20, pág. 22, Mayo de 2008