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Fobia
específica
Fobia
social o trastorno por ansiedad social
Fobia
específica
Consiste en un
temor intenso y persistente, que es excesivo e irracional,
desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto
o situación específicos. Por ejemplo: miedo a volar,
a la altura, vértigo, precipicios, animales o insectos, ascensores,
espacios cerrados (claustrofobia), oscuridad, administración
de inyecciones, visión de sangre o heridas, ingerir determinadas
comidas o medicamentos, ir al dentista, etc.
La exposición al estimulo fóbico provoca casi invariablemente
una respuesta inmediata de miedo, que puede tomar la forma
de una Crisis de Pánico.
La persona reconoce que este miedo es excesivo e irracional
pero no puede controlarlo.
Las situaciones que provocan fobia se evitan o se soportan
a costa de una intensa ansiedad o malestar.
Estas fobias interfieren marcadamente con la rutina normal
de la persona, con las relaciones laborales (o académicas),
familiares o sociales.
Tratamiento
Cuando las fobias interfieren con la vida de
una persona, el tratamiento puede servir de ayuda. Un tratamiento
efectivo generalmente involucra las siguientes formas de psicoterapia:
Terapia Cognitiva, Desensibilización
Sistemática y Terapia de Exposición, en la cual los
pacientes se exponen gradualmente a lo que los asusta hasta
que el miedo comienza a desaparecer. Tres cuartas partes de
pacientes se benefician grandemente con este tratamiento.
Los ejercicios de relajación y respiración también
contribuyen a reducir los síntomas de ansiedad.
No existe hasta
ahora un tratamiento comprobado a base de medicamentos para
Fobias Específicas, pero en ocasiones ciertas medicinas pueden
recetarse para ayudar a reducir los síntomas de ansiedad antes
de que la persona se enfrente a una situación de fobia o durante
la misma (por ejemplo, para realizar un viaje en avión).
Subtipos
Pueden especificarse los siguientes subtipos
para indicar el objeto del miedo o evitación en la fobia específica:
Tipo animal:
El miedo hace referencia a animales o insectos. Este subtipo
suele iniciarse en la infancia.
Tipo ambiental: El miedo hace referencia a situaciones
relacionadas con la naturaleza y los fenómenos atmosféricos
como tormentas, precipicios o agua. Este subtipo suele iniciarse
en la infancia.
Tipo sangre-inyecciones-daño: El miedo hace referencia
a la visión de sangre o heridas, o a recibir inyecciones u
otras intervenciones médicas de carácter invasivo. Este subtipo
presenta una incidencia marcadamente familiar y suele caracterizarse
por una intensa respuesta vasovagal (por ej. descenso de la
presión arterial y/o desmayos).
Tipo situacional: El miedo hace referencia a situaciones
específicas como transportes públicos, túneles, puentes, ascensores,
aviones, coche o recintos cerrados. El inicio de este trastorno
sigue una distribución bimodal, con un pico de mayor incidencia
en la segunda infancia y otro a mitad de la tercera década
de la vida.
Otros tipos: El miedo hace referencia a otro tipo
de estímulos, entre los que se incluyen las situaciones que
pueden conducir al atragantamiento, al vómito, a la adquisición
de una enfermedad; fobia a los "espacios" (es decir, el individuo
tiene miedo de caerse si no hay paredes u otros medios de
sujeción), y el miedo que los niños tienen a los sonidos altos
o a las personas disfrazadas.
La distribución
de frecuencias de estos subtipos en los centros asistenciales
para adultos, de la más a la menos frecuente, es la siguiente:
situacional, ambiental, fobia a la sangre-inyecciones-daño
y, por último, animal. En muchos casos hay más de un subtipo
de fobia específica. El hecho de tener una fobia de un subtipo
determinado aumenta las probabilidades de padecer otra fobia
del mismo subtipo (p.ej., miedo a los gatos y a las serpientes).
Síntomas
dependientes de la cultura, la edad y el sexo
El contenido de las fobias y su prevalencia
muestran considerablemente variaciones según la cultura y
la etnia. Por ejemplo, el miedo a los espíritus o a la magia
existe en multitud de culturas y sólo debe considerarse una
fobia específica si es excesivo en el contexto de esa cultura
y provoca un malestar clínico significativo o un marcado deterioro
de las actividades del individuo.
En los niños la ansiedad puede traducirse en lloros, berrinches,
parálisis o abrazos. Los niños no suelen reconocer que sus
temores son excesivos o irracionales y rara vez expresan malestar
por la fobia. El miedo a los animales y a otras situaciones
ambientales es particularmente frecuente, teniendo un carácter
a menudo transitorio cuando aparece en la infancia. El diagnóstico
de fobia específica no puede asegurarse a no ser que estos
temores den lugar a un deterioro significativo de las actividades
del individuo (p.ej., resistencia a ir a la escuela por temor
a encontrarse con un perro en la calle).
La frecuencia según el sexo también varía según los tipos
de fobia específica. Aproximadamente el 75-90% de las personas
que padecen fobia animal o ambiental son mujeres (excepto
en el miedo a las alturas, donde las mujeres representan un
55-70%). De forma similar, aproximadamente el 75-90% de los
individuos que padecen fobia situacional son mujeres. Éstas
también constituyen el 55-70% de los individuos con fobia
a la sangre-inyecciones-daño.
Prevalencia
Aunque son frecuentes en la población general,
las fobias raramente provocan un malestar o un deterioro general
suficientes como para permitir realizar el diagnóstico de
fobia específica. Las cifras de prevalencia publicadas en
la literatura pueden variar según los umbrales empleados para
determinar el malestar o deterioro general a que dan lugar
y el tipo de fobias estudiadas. En la población general la
tasa de prevalencia anual se sitúa alrededor del 9%, mientras
que la prevalencia global oscila entre el 10 y el 11,3%.
Curso
La media de edad de inicio varía en cada tipo
de fobia específica. Para la fobia situacional, la edad de
inicio tiende a seguir una distribución bimodal, con un primer
pico de incidencia en la segunda infancia y un segundo pico
en la mitad de la tercera década de la vida. Para la fobia
ambiental (p.ej., fobia a las alturas), el inicio suele situarse
en la segunda infancia, si bien muchos casos nuevos de fobia
a las alturas aparecen al principio de la edad adulta. La
segunda infancia también suele constituir la edad de inicio
en la fobia animal y en la fobia a la sangre-inyecciones-daño.
Entre los factores que predisponen a la aparición de fobia
específica cabe citar los acontecimientos traumáticos (como
el ser atacado por un animal o quedar atrapado en un lugar
pequeño y cerrado), crisis de pánico inesperadas en la situación
que se convertirá en temida, observación de otros individuos
que sufren traumatismos o muestran temor (p.ej., presenciar
caídas desde grandes alturas o personas que se asustan en
presencia de ciertos animales) y transmisión de informaciones
(p.ej., repetidas advertencias paternas sobre los peligros
de ciertos animales o reportajes periodísticos sobre catástrofes
aéreas). Los objetos o situaciones temidos tienden a implicar
aspectos que ciertamente pueden o han podido representar una
amenaza en algún momento de la historia de la humanidad. Las
fobias generadas por acontecimientos traumáticos o por crisis
de pánico inesperadas acostumbran a aparecer de forma particularmente
aguda. Las fobias de origen traumático no presentan una edad
de inicio característica (p.ej., el miedo a atragantarse que
suele seguir a un episodio de obstrucción faríngea total o
parcial puede aparecer prácticamente a cualquier edad). Las
fobias que persisten durante toda la etapa adulta rara vez
suelen remitir (sólo ocurre en un 20% de los casos).
Patrón
familiar
Los estudios preliminares sugieren la posible
existencia de una cierta incidencia familiar según el tipo
de fobia (p.ej., los parientes de primer grado de sujetos
afectos de una fobia animal tienen más probabilidades de presentar
una fobia de este tipo, aunque no necesariamente frente al
mismo animal, y los parientes de primer grado de sujetos afectos
de fobia situacional tienen igualmente más probabilidades
de llegar a desarrollar fobias de este tipo). El miedo a la
sangre y al daño presenta una incidencia familiar particularmente
alta.
Referencias
Bibliográficas
- Diagnostic and Statistical
Manual of Mental Disorders, 4° edition (DSM-IV). American
Psychiatric Association.
American Psychiatric Press, 1994.
- Kaplan and Sadock's Synopsis of Psychiatry, 8° edition.
Lippincott Williams & Wilkins Press, 1997.
- Treatments of Psychiatric Disorders, 2° edition. Gabbard
and Atkinson. American Psychiatric Press, 1997
 
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