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Trastornos
de la personalidad - [pág. 1] [pág. 2] [pág.
3]
F60.0
Trastorno paranoide de la personalidad [301.0]
F60-1 Trastorno esquizoide de la personalidad
[301.20]
F21 Trastorno esquizotípico de la personalidad [301.22]
Tr.
de la personalidad del grupo B -
[pág. 1] [pág.
2]
F60.2 Trastorno antisocial de la personalidad [301.7]
F60.31 Trastorno límite de la personalidad [301.83]
F60.4 Trastorno histriónico de la personalidad [301.50]
F60.8 Trastorno narcisista de la personalidad [301.81]
Tr.
de la personalidad del grupo C -
[pág. 1] [pág. 2]
F60.6 Trastorno de la personalidad por evitación [301.82]
F60.7 Trastorno de la personalidad por dependencia [301.6]
F60.5 Tr. obsesivo-compulsivo de la personalidad [301.4]
F60.9 Trastorno de la personalidad no especificado [301.9]
Trastornos
de la personalidad del grupo B
F60.2 Trastorno antisocial de la personalidad [301.7]
La característica esencial del trastorno antisocial de
la personalidad es un patrón general de desprecio y violación
de los derechos de los demás, que comienza en la infancia
o el principio de la adolescencia y continúa en la edad adulta.
Este patrón también ha sido denominado psicopatía, sociopatía
o trastorno disocial de la personalidad. Puesto que el engaño
y la manipulación son características centrales del trastorno
antisocial de la personalidad, puede ser especialmente útil
integrar la información obtenida en la evaluación clínica
sistemática con la información recogida de fuentes colaterales.
Para que se pueda establecer este diagnóstico el sujeto debe
tener al menos 18 años (Criterio B) y tener historia de algunos
síntomas de un trastorno disocial antes de los 15 años (Criterio
C). El trastorno disocial implica un patrón repetitivo y persistente
de comportamiento en el que se violan los derechos básicos
de los demás o las principales reglas o normas sociales apropiadas
para la edad. Los comportamientos característicos específicos
del trastorno disocial forman parte de una de estas cuatro
categorías: agresión a la gente o los animales, destrucción
de la propiedad, fraudes o hurtos, o violación grave de las
normas. Están descritas con más detalle en la página 90.
El patrón de comportamiento antisocial persiste hasta la edad
adulta. Los sujetos con un trastorno antisocial de la personalidad
no logran adaptarse a las normas sociales en lo que respecta
al comportamiento legal (Criterio A1). Pueden perpetrar repetidamente
actos que son motivo de detención (que puede o no producirse)
como la destrucción de una propiedad, hostigar o robar a otros,
o dedicarse a actividades ilegales. Las personas con este
trastorno desprecian los deseos, derechos o sentimientos de
los demás. Frecuentemente, engañan y manipulan con tal de
conseguir provecho o placer personales (p. ej., para obtener
dinero, sexo o poder) (Criterio A2). Pueden mentir repetidamente,
utilizar un alias, estafar a otros o simular una enfermedad.
Se puede poner de manifiesto un patrón de impulsividad mediante
la incapacidad para planificar el futuro (Criterio A3). Las
decisiones se toman sin pensar, sin prevenir nada y sin tener
en cuenta las consecuencias para uno mismo o para los demás,
lo que puede ocasionar cambios repentinos de trabajo, de lugar
de residencia o de amistades. Los sujetos con un trastorno
antisocial de la personalidad tienen a ser irritables y agresivos
y pueden tener peleas físicas repetidas o cometer actos de
agresión (incluidos los malos tratos al cónyuge o a los niños)
(Criterio A4). Los actos agresivos necesarios para defenderse
a uno mismo o a otra persona no se consideran indicadores
de este ítem. Estos individuos también muestran una despreocupación
imprudente por su seguridad o la de los demás (Criterio A5).
Esto puede demostrarse en su forma de conducir (repetidos
excesos de velocidad, conducir estando intoxicado, accidentes
múltiples). Pueden involucrarse en comportamientos sexuales
o consumo de sustancias que tengan un alto riesgo de producir
consecuencias perjudiciales. Pueden descuidar o abandonar
el cuidado de un niño de forma que puede poner a ese niño
en peligro.
Los sujetos con trastorno antisocial de la personalidad también
tienden a ser continua y extremadamente irresponsables (Criterio
A6). El comportamiento irresponsable en el trabajo puede indicarse
por períodos significativos de desempleo aún teniendo oportunidades
de trabajar, o por el abandono de varios trabajos sin tener
planes realistas para conseguir otro trabajo. También puede
haber un patrón de absentismo no explicado por enfermedad
del individuo o de un familiar. La irresponsabilidad económica
viene indicada por actos como morosidad en las deudas y falta
de mantenimiento de los hijos o de otras personas que dependen
de ellos de forma habitual. Los individuos con trastorno antisocial
de la personalidad tienen pocos remordimientos por las consecuencias
de sus actos (Criterio A7). Pueden ser indiferentes o dar
justificaciones superficiales por haber ofendido, maltratado
o robado a alguien (p. ej., "la vida es dura", "el que es
perdedor es porque lo merece" o "de todas formas le hubiese
ocurrido"). Estas personas pueden culpar a las víctimas por
ser tontos, débiles o por merecer su mala suerte, pueden minimizar
las consecuencias desagradables de sus actos o, simplemente,
mostrar una completa indiferencia. En general, no dan ninguna
compensación ni resarcen a nadie por su comportamiento. Pueden
pensar que todo el mundo se esfuerza por "servir al número
uno" y que uno no debe detenerse ante nada para evitar que
le intimiden.
El comportamiento antisocial no debe aparecer exclusivamente
en el transcurso de una esquizofrenia o de un episodio maníaco
(Criterio D).
Síntomas y trastornos asociados
Los sujetos con trastorno antisocial de la personalidad
frecuentemente carecen de empatía y tienden a ser insensibles,
cínicos y a menospreciar los sentimientos, derechos y penalidades
de los demás. Pueden tener un concepto de sí mismos engreído
y arrogante (pensar que el trabajo normal no está a su altura,
o no tener una preocupación realista por sus problemas actuales
o futuros) y pueden ser excesivamente tercos, autosuficientes
o fanfarrones. Pueden mostrar labia y encanto superficial
y ser muy volubles y de verbo fácil (p. ej., utilizan términos
técnicos o una jerga que puede impresionar a alguien que no
esté familiarizado con el tema). La falta de empatía, el engreimiento
y el encanto superficial son características que normalmente
han sido incluidas en las concepciones tradicionales de la
psicopatía y pueden ser especialmente distintivos del trastorno
antisocial de la personalidad en el medio carcelario o forense,
en el que los actos delictivos, de delincuencia o agresivos
probablemente son inespecífico. Estos sujetos también pueden
ser irresponsables y explotadores en sus relaciones sexuales.
Pueden tener una historia de muchos acompañantes sexuales
y no haber tenido nunca una relación monógama duradera. Pueden
ser irresponsables como padres, como lo demuestra la malnutrición
de un hijo, una enfermedad de un hijo a consecuencia de una
falta de higiene íntima, el que la alimentación o el amparo
de un hijo dependa de vecinos o familiares, el no procurar
que alguna persona cuide del niño pequeño cuando el sujeto
está fuera de casa o el derroche reiterado del dinero que
se requiere para las necesidades domésticas. Estos individuos
pueden ser expulsados del ejército, pueden no ser autosuficientes,
empobrecerse e incluso llegar a vivir en la calle o pueden
pasar muchos años en prisión. Los sujetos con trastorno antisocial
de la personalidad tienen más probabilidades que la población
general de morir prematuramente por causas violentas (p. ej.,
suicidio, accidentes y homicidios).
Estos individuos también pueden experimentar disforia, incluidas
quejas de tensión, incapacidad para tolerar el aburrimiento
y estado de ánimo depresivo. Pueden presentar de forma asociada
trastornos de ansiedad, trastornos depresivos, trastornos
relacionados con sustancias, trastorno de somatización, juego
patológico y otros trastornos del control de los impulsos.
Los sujetos con trastorno antisocial de la personalidad también
tienen frecuentemente rasgos de personalidad que cumplen los
criterios para otros trastornos de la personalidad, en especial
los trastornos límite, histriónico y narcisista. Las probabilidades
de desarrollar un trastorno antisocial de la personalidad
en la vida adulta aumentan si el sujeto presenta un trastorno
temprano disocial (antes de los 10 años) y un trastorno por
déficit de atención con hiperactividad asociado. El maltrato
o el abandono en la infancia, el comportamiento inestable
o variable de los padres o la inconsistencia en la disciplina
por parte de los padres aumentan las probabilidades de que
un trastorno disocial evolucione hasta un trastorno antisocial
de la personalidad.
Síntomas dependientes de la cultura, la edad y el sexo
El trastorno antisocial de la personalidad se presenta
asociado a un bajo status socioeconómico y al medio urbano.
Se ha llamado la atención acerca de que a veces, el diagnóstico
puede ser aplicado erróneamente a sujetos de un medio en el
que un comportamiento del tipo del antisocial forma parte
de una estrategia protectora de supervivencia. Al evaluar
los rasgos antisociales, al clínico le será útil tener en
cuenta el contexto social y económico en el que ocurren estos
comportamientos.
Por definición, la personalidad antisocial no se puede diagnosticar
antes de los 18 años. El trastorno antisocial de la personalidad
es mucho más frecuente en los varones que en las mujeres.
Ha habido un cierto interés en considerar si el trastorno
antisocial de la personalidad podría infradiagnosticarse en
las mujeres, sobre todo por el hecho de que en la definición
del trastorno disocial se insiste de manera especial en los
ítems de agresividad.
Prevalencia
La prevalencia total del trastorno antisocial de la personalidad
en las muestras de población general es aproximadamente del
3% en los varones y del 1% en las mujeres. Las estimaciones
de la prevalencia en poblaciones clínicas han variado entre
el 3 y el 30%, dependiendo de las características predominantes
de las muestras. En los lugares de tratamiento de abuso de
sustancias y en la cárcel o en el marco forense, se han encontrado
cifras de prevalencia incluso más elevadas.
Curso
El trastorno antisocial de la personalidad tiene un curso
crónico, pero puede hacerse menos manifiesto o remitir a medida
que el sujeto se va haciendo mayor, especialmente hacia la
década de la vida. Si bien esta remisión suele ser más clara
por lo que respecta a involucrarse en comportamientos delictivos,
es probable que se produzca un descenso en el espectro completo
de comportamientos antisociales y de consumo de sustancias.
Patrón familiar
El trastorno antisocial de la personalidad es más frecuente
en los familiares de primer grado de quienes tienen el trastorno
que en la población general. El riesgo de los parientes biológicos
de las mujeres con el trastorno tiende a ser superior al riesgo
de los parientes biológicos de los varones con el trastorno.
Los parientes biológicos de las personas con este trastorno
también tienen un mayor riesgo de presentar trastorno de somatización
y trastornos relacionados con sustancias. En una familia que
tiene un miembro con un trastorno antisocial de la personalidad,
los varones suelen presentar más trastorno antisocial de la
personalidad y trastornos relacionados con sustancias, en
tanto que las mujeres presentan más a menudo trastornos de
somatización. Sin embargo, en estas familias hay un aumento
de la prevalencia de todos estos trastornos tanto en varones
como en mujeres, en comparación con la población general.
Los estudios de adopción indican que tanto los factores genéticos
como los ambientales contribuyen al riesgo para este grupo
de trastorno. Los hijos adoptivos y los biológicos de padres
con trastorno antisocial de la personalidad tienen un riesgo
elevado de presentar trastorno antisocial de la personalidad,
trastorno de somatización y trastornos relacionados con sustancias.
Los niños adoptados se parecen a sus padres biológicos más
que a sus padres adoptivos, aunque el entorno de la familia
de adopción influye en el riesgo de presentar un trastorno
de la personalidad y la psicopatología relacionada.
Diagnóstico diferencial
El diagnóstico del trastorno antisocial de la personalidad
no se establece en sujetos cuya edad sea menor de 18 años
y sólo se establece si hay historia de algunos síntomas de
trastorno disocial antes de los 15 años. En las personas mayores
de 18 años sólo se realiza el diagnóstico de trastorno disocial
si no se cumplen los criterios para el trastorno antisocial
de la personalidad.
Cuando el trastorno antisocial de la personalidad en un adulto
está asociado a un trastorno relacionado con sustancias, no
se establece el diagnóstico del trastorno antisocial de la
personalidad a no ser que los signos del trastorno antisocial
de la personalidad también hayan aparecido en la infancia
y hayan continuado hasta la edad adulta. Cuando el consumo
de sustancias y el comportamiento hayan empezado en la infancia
y continúen en la edad adulta, se diagnosticarán tanto trastorno
relacionado con sustancias como trastorno antisocial de la
personalidad, siempre que se cumplan los criterios para ambos
trastornos, aunque algunos actos antisociales sean consecuencia
del trastorno relacionado con sustancias (p. ej., venta ilegal
de drogas o robos con el fin de obtener dinero para drogas).
El comportamiento antisocial que sólo aparece en el transcurso
de una esquizofrenia o un episodio maníaco no debe diagnosticarse
como trastorno antisocial de la personalidad.
Otros trastornos de la personalidad se pueden confundir con
el trastorno antisocial de la personalidad porque tienen algunas
características en común. Por tanto, es importante distinguir
entre estos trastornos basándose en las diferencias de sus
rasgos característicos. Sin embargo, si un individuo presenta
rasgos de personalidad que cumplen los criterios para más
de un trastorno de la personalidad además del trastorno antisocial
de la personalidad, pueden diagnosticarse todos estos trastornos.
Los sujetos con trastorno antisocial de la personalidad y
trastorno narcisista de la personalidad comparten la tendencia
a ser duros, poco sinceros, superficiales, explotadores y
poco empáticos. Sin embargo, el trastorno narcisista de la
personalidad no incluye las características de impulsividad,
agresión y engaño. Además, los sujetos con trastorno antisocial
de la personalidad pueden no estar tan necesitados de despertar
admiración y envidia en los demás, y las personas con trastorno
narcisista de la personalidad no suelen tener historia de
trastorno disocial en la infancia o de comportamiento delictivo
en la edad adulta. Los sujetos con trastorno antisocial de
la personalidad y con trastorno histriónico de la personalidad
comparten una tendencia a ser impulsivos, superficiales, buscadores
de sensaciones, imprudentes, seductores y manipuladores, pero
las personas con trastorno histriónico de la personalidad
tienden a ser más exageradas en sus emociones y no se suelen
involucrar en comportamientos antisociales. Los sujetos con
trastornos histriónico y límite de la personalidad son manipuladores
para obtener atención, mientras que los sujetos con trastorno
antisocial de la personalidad son manipuladores para sacar
un provecho, lograr poder u otra gratificación material. Los
sujetos con trastorno antisocial de la personalidad tienden
a ser menos inestables emocionalmente y más agresivos que
los que presentan un trastorno límite de la personalidad.
Aunque el comportamiento antisocial puede aparecer en algunos
sujetos con trastorno paranoide de la personalidad, no acostumbra
a estar motivado por el deseo de una ganancia personal o de
explotación de los demás como en el trastorno antisocial de
la personalidad, sino que más bien suele ser debido a un deseo
de venganza.
El trastorno antisocial de la personalidad se ha de diferenciar
del comportamiento delictivo llevado a cabo para obtener un
beneficio, que no va acompañado de los rasgos característicos
de este trastorno. El comportamiento antisocial del adulto
(expuesto en la sección "Otros problemas que pueden ser objeto
de atención clínica", pág, 699) puede utilizarse para describir
el comportamiento delictivo, agresivo u otros comportamientos
antisociales que llegan a la clínica, pero que no cumplen
todos los criterios para el trastorno antisocial de la personalidad.
Los rasgos de personalidad antisocial sólo constituyen un
trastorno antisocial de la personalidad cuando son inflexibles,
desadaptativos y persistentes, y ocasionan deterioro funcional
significativo o malestar subjetivo.
Relación con los Criterios Diagnósticos de Investigación
de la CIE-10
Los Criterios Diagnósticos de Investigación de la CIE-10
y los criterios del DSM-IV son diferentes, pero definen en
líneas generales el mismo trastorno. A diferencia del DSM-IV,
la CIE-10 no requiere la presencia de síntomas de trastorno
comportamental en la infancia. En la CIE-10, este trastorno
está recogido con el nombre de trastorno disocial de la personalidad.
Criterios para el diagnóstico de F21 Trastorno esquizotípico
de la personalidad [301.22]
A. Un patrón general de desprecio y violación de los
derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15
años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítems:
(1) fracaso
para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta
al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente
actos que son motivo de detención.
(2) deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar
un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal
o por placer
(3) impulsividad o incapacidad para planificar el futuro
(4) irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas
repetidas o agresiones
(5) despreocupación imprudente por su seguridad o la de
los demás
(6) irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad
de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo
de obligaciones económicas.
(7) Falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia
o la justificación del haber dañado, maltratado o robado
a otros.
B. El sujeto
tienen al menos 18 años.
C. Existen pruebas de un trastorno disocial (v. pág, 94) que
comienza antes de la edad 15 años.
D. El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente
en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco.
F60.31 Trastorno límite de la personalidad [301.83]
La característica esencial del trastorno límite de la
personalidad es un patrón general de inestabilidad en las
relaciones interpersonales, la autoimagen y la afectividad,
y una notable impulsividad que comienza al principio de la
edad adulta y se da en diversos contextos.
Los sujetos con un trastorno límite de la personalidad realizan
frenéticos esfuerzos para evitar un abandono real o imaginado
(Criterio 1). La percepción de una inminente separación o
rechazo, o la pérdida de la estructura externa, pueden ocasionar
cambios profundos en la autoimagen, afectividad, cognición
y comportamiento. Estos sujetos son muy sensibles a las circunstancias
ambientales. Experimentan intensos temores a ser abandonados
y una ira inapropiada incluso ante una separación que en realidad
es por un tiempo limitado o cuando se producen cambios inevitables
en los planes (p. ej., reacción de desesperación brusca cuando
el clínico les anuncia el final de su tiempo de visita, angustia
o enfurecimiento cuando alguien importante para ellos se retrasa
aunque sea sólo unos minutos o cuando tiene que cancelar una
cita). Pueden creer que este "abandono" implica el ser "malos".
Estos temores a ser abandonados están relacionados con la
intolerancia a estar solos y a la necesidad de estar acompañados
de otras personas. Sus frenéticos esfuerzos para evitar el
abandono pueden incluir actos impulsivos como los comportamientos
de automutilación o suicidas, que se describen separadamente
en el Criterio 5.
Los individuos con un trastorno límite de la personalidad
presentan un patrón de relaciones inestables e intensas (Criterio
2). Pueden idealizar a quienes se ocupan de ellos o a sus
amantes las primeras veces que se tratan, pedirles que estén
mucho tiempo a su lado y compartir muy pronto los detalles
más íntimos. Sin embargo, cambian rápidamente de idealizar
a los demás a devaluarlos, pensando que no les prestan suficiente
atención, no les dan demasiado o no "están" lo suficiente.
Estos sujetos pueden empatizar y ofrecer algo a los demás,
pero sólo con la expectativa de que la otra persona "esté
allí" para corresponderles satisfaciendo sus propias necesidades
o demandas. Son propensos asimismo a los cambios dramáticos
en su opinión sobre los demás, que pueden ser vistos alternativamente
como apoyos beneficiosos o cruelmente punitivos. Tales cambios
suelen reflejar la desilusión con alguna de las personas que
se ocupa de ellos y cuyas cualidades positivas han sido idealizadas
o de quien se espera el rechazo o abandono.
Puede haber una alteración de la identidad caracterizada por
una notable y persistente inestabilidad en la autoimagen o
en el sentido de uno mismo (Criterio 3). Se presentan cambios
bruscos y dramáticos de la autoimagen, caracterizados por
cambios de objetivos, valores y aspiraciones profesionales.
Pueden producirse cambios bruscos de las opiniones y los planes
sobre el futuro de los estudios, la identidad sexual, la escala
de valores y el tipo de amistades. Estos sujetos pueden cambiar
bruscamente desde el papel de suplicar la necesidad de ayuda
hasta el de vengador justiciero de una afrenta ya pasada.
Si bien lo habitual es que su autoimagen esté basada en ser
perverso o desgraciado, a veces los individuos con este trastorno
tienen también el sentimiento de que no existen en absoluto.
Estas experiencias suelen ocurrir en situaciones en las que
el sujeto percibe una falta de relaciones significativas de
ayuda y de apoyo. Estos sujetos pueden presentar un mal rendimiento
laboral o escolar.
Las personas con este trastorno demuestran impulsividad en
al menos dos áreas potencialmente peligrosas para ellos mismos
(Criterio 4). Pueden apostar, gastar dinero irresponsablemente,
darse atracones, abusar de sustancias, involucrarse en prácticas
sexuales no seguras o conducir temerariamente. Los sujetos
con trastorno límite de la personalidad presentan comportamientos,
intentos o amenazas suicidas recurrentes o comportamientos
de automutilación (Criterio 5). El suicidio consumado se observa
en un 8-10% de estos sujetos y los actos de automutilación
)cortarse o quemarse) y las amenazas e intentos suicidas son
muy frecuentes. El intento de suicidio recurrente es con frecuencia
uno de los motivos por los que estos sujetos acuden a tratamiento.
Estos actos autodestructivos suelen estar precipitados por
los temores a la separación o al rechazo, o por la expectativa
de tener que asumir una mayor responsabilidad. La automutilación
puede ocurrir durante experiencias disociativas y a menudo
les proporciona un alivio por el hecho de reafirmarles en
su capacidad para sentir o por servirles de expiación de su
sentimiento de maldad.
Los sujetos con trastorno límite de la personalidad pueden
presentar una inestabilidad afectiva que es debida a una notable
reactividad del estado de ánimo (p. ej., disforia episódica
intensa, irritabilidad o ansiedad que normalmente dura sólo
unas horas y que es raro que llegue a persistir durante días)
(Criterio 6). El estado de ánimo básico de tipo disfórico
de los sujetos con un trastorno límite de la personalidad
suele ser interrumpido por períodos de ira, angustia o desesperación,
y son raras las ocasiones en las que un estado de bienestar
o satisfacción llega a tomar el relevo. Estos episodios pueden
reflejar la extremada reactividad de estos individuos al estrés
interpersonal. Los sujetos con trastorno límite de la personalidad
pueden estar atormentados por sentimientos crónicos de vacío
(Criterio 7). Se aburren con facilidad y están buscando siempre
algo que hacer. Es frecuente que los sujetos con trastorno
límite de la personalidad expresen ira inapropiada e intensa
o que tengan problemas para controlar la ira (Criterio 8).
Pueden mostrar sarcasmo extremo, amargura persistente o explosiones
verbales. Frecuentemente, la ira es desencadenada cuando consideran
a una de las personas que se ocupa de ellos o a un amante
negligente, represor, despreocupado o que le abandona. Estas
expresiones de ira suelen ir seguidas de pena y culpabilidad
y contribuyen al sentimiento que tienen de ser malos. Durante
períodos de estrés extremo, se pueden presentar ideación paranoide
transitoria o síntomas disociativos (p. ej., despersonalización)
(Criterio 9), pero generalmente éstos son de duración e intensidad
insuficientes para merecer un diagnóstico adicional. Lo más
habitual es que estos episodios ocurran como respuesta a un
abandono real o imaginado. Los síntomas tienden a ser pasajeros
y duran entre minutos y horas. Con la vuelta real o percibida
de la ayuda de la persona que se ocupa de ellos puede producirse
la remisión de los síntomas.
Síntomas y trastornos asociados
Los sujetos con trastorno límite de la personalidad pueden
presentar un patrón de infravaloración de sí mismos en el
momento en que están a punto de lograr un objetivo (p. ej.,
dejar los estudios justo antes de graduarse, presentar una
grave regresión después de haber estado hablando de los progresos
de la terapia, destruir una buena relación en el momento en
que parece claro que la relación podía tener continuidad).
Algunos sujetos presentan síntomas similares a los psicóticos
(p. ej., alucinaciones, distorsiones de la imagen corporal,
ideas de autorreferencia y fenómenos hipnagógicos) durante
los períodos de estrés. Los sujetos con este trastorno se
pueden sentir más seguros con objetos transitorios (p. ej.,
un animal doméstico o propiedades inanimadas) que con las
relaciones interpersonales. La muerte prematura por suicidio
se puede producir en los sujetos con este trastorno, especialmente
en quienes concurre un trastorno del estado de ánimo o un
trastorno relacionado con sustancias. Como resultado del comportamiento
de autoinfligirse malos tratos o por los intentos de suicidio
fallidos, se puede producir alguna minusvalía física. Son
frecuentes las pérdidas repetidas de trabajo, las interrupciones
de los estudios y las rupturas matrimoniales. En las historias
de la infancia de los sujetos con trastorno límite de la personalidad
son frecuentes los malos tratos físicos y sexuales, la negligencia
en su cuidado, los conflictos hostiles y la pérdida temprana
o la separación parental. Los trastornos del Eje I que se
presentan simultáneamente con más frecuencia son los trastornos
del estado de ánimo, los trastornos relacionados con sustancias,
los trastornos de la conducta alimentaria (especialmente la
bulimia), el trastorno por estrés postraumático y los trastornos
por déficit de atención con hiperactividad. El trastorno límite
de la personalidad también se da con frecuencia en simultaneidad
con otros trastornos de la personalidad.
Síntomas dependientes de la cultura, la edad y el sexo
El patrón de comportamiento que se observa en el trastorno
límite de la personalidad ha sido identificado en muchas partes
del mundo. Los adolescentes y los adultos jóvenes con problemas
de identidad (especialmente cuando se acompañan de consumo
de sustancias) pueden mostrar comportamientos pasajeros que
dan la impresión errónea de ser un trastorno límite de la
personalidad. Estos casos están caracterizados por la inestabilidad
emocional, los dilemas "existenciales", la incertidumbre,
la ansiedad provocada por las decisiones que hay que tomar,
los conflictos en la orientación sexual y las presiones sociales
contradictorias para elegir una profesión. El trastorno límite
de la personalidad se diagnostica con preferencia en mujeres
(alrededor del 75%).
Prevalencia
Se estima que la prevalencia del trastorno límite de
la personalidad es de alrededor del 2% de la población general,
aproximadamente del 10% entre los sujetos vistos en los centros
ambulatorios de saluda mental y en torno al 20% entre los
pacientes psiquiátricos ingresados. En las poblaciones clínicas
con trastornos de la personalidad se sitúa entre el 30 y el
60%.
Curso
Hay una considerable variedad en el curso de los trastornos
límite de la personalidad. El patrón más habitual es una inestabilidad
crónica en el principio de la edad adulta, con episodios de
grave descontrol afectivo e impulsivo y altos niveles de utilización
de los recursos de saluda mental y general. El deterioro causado
por el trastorno y el riesgo de suicidio son mayores en los
primeros años de la edad adulta y van desapareciendo gradualmente
con la edad. Durante la cuarta y quinta décadas de la vida,
la mayoría de los sujetos con este trastorno logran una mayor
estabilidad en sus relaciones y su actividad profesional.
Patrón familiar
El trastorno límite de la personalidad suele presentarse
asociado a trastornos del estado de ánimo y, si se cumplen
los criterios para los dos trastornos, deben diagnosticarse
ambos. Puesto que la presentación transversal de un trastorno
del estado de ánimo puede ser similar a un trastorno límite
de la personalidad, el clínico debe evitar efectuar un diagnóstico
adicional de trastorno límite del personalidad basado sólo
en la presentación transversal sin haber documentado que el
patrón de comportamiento tiene un inicio temprano y un curso
prolongado.
Otros trastornos de la personalidad se pueden confundir con
el trastorno límite de la personalidad porque tienen algunas
características en común. Por tanto, es importante distinguir
entre estos trastornos basándose en las diferencias en sus
rasgos característicos. Sin embargo, si un sujeto presenta
características de personalidad que cumplen criterios para
más de un trastorno de la personalidad además del trastorno
límite de la personalidad, pueden diagnosticarse todos estos
trastornos. Aunque el trastorno histriónico de la personalidad
también se caracteriza por la búsqueda de atención, el comportamiento
manipulativo y las emociones rápidamente cambiantes, el trastorno
límite de la personalidad se diferencia por la autodestructividad,
las rupturas airadas de las relaciones personales y los sentimientos
crónicos de un profundo vacío y soledad. Las ideas o las ilusiones
paranoides pueden aparecer tanto en el trastorno límite de
la personalidad como en el trastorno esquizotípico de la personalidad,
pero en el trastorno límite estos síntomas son más pasajeros,
interpersonalmente reactivos y en respuesta a estructuras
externas. Si bien el trastorno paranoide de la personalidad
y el trastorno narcisista de la personalidad también pueden
caracterizarse por una reacción colérica a estímulos menores,
la relativa estabilidad de la autoimagen, así como la relativa
falta de autodestructividad, impulsividad y las preocupaciones
por el abandono, diferencian estos trastornos del trastorno
límite de la personalidad. Aunque tanto en el trastorno antisocial
de la personalidad como en el trastorno límite de la personalidad
se dan comportamientos manipulativos, los sujetos con trastorno
antisocial de la personalidad son manipuladores para obtener
un provecho, poder u otra gratificación material, mientras
que el objetivo en el trastorno límite de la personalidad
está más dirigido a lograr el interés de quienes se ocupan
de ellos. Tanto el trastorno de la personalidad por dependencia
como el trastorno límite de la personalidad se caracterizan
por el temor al abandono; sin embargo, el sujeto con trastorno
límite de la personalidad reacciona al abandono con sentimientos
de vacío emocional, rabia y demandas, en tanto que el sujeto
con trastorno de la personalidad por dependencia reacciona
con un aumento de su mansedumbre y sumisión y busca urgentemente
una relación que reemplace la anterior para que le proporciones
cuidados y apoyo. Además, el trastorno límite de la personalidad
se distingue también del trastorno de la personalidad por
dependencia por el típico patrón de relaciones intensas e
inestables.
El trastorno límite de la personalidad debe diferenciarse
de un cambio de la personalidad debido a una enfermedad médica,
en la que los rasgos aparecen como un efecto directo de una
enfermedad del sistema nervioso central. También se tiene
que distinguir de los síntomas que pueden aparecer en asociación
con el consumo crónico de sustancias (p. ej., el trastorno
relacionado con la cocaína no especificado).
El trastorno límite de la personalidad debe diferenciarse
del problema de identidad (v. pág. 700), que está reservado
para las preocupaciones sobre la identidad relacionadas con
una fase del desarrollo (p. ej., la adolescencia) y no se
considera un trastorno mental.
Relación con los Criterios Diagnósticos de Investigación
de la CIE-10
Los Criterios Diagnósticos de Investigación de la CIE-10
y los criterios del DSM-IV son diferentes, pero definen en
líneas generales el mismo trastorno. En la CIE-10, este trastorno
está recogido con el nombre de trastorno de la personalidad
por inestabilidad emocional, tipo límite.
Criterios para el diagnóstico de F60.31 Trastorno límite
de la personalidad [301.83]
Un patrón general de inestabilidad en las relaciones
interpersonales, la autoimagen y la efectividad, y una notable
impulsividad, que comienzan al principio de la edad adulta
y se dan en diversos contextos, como lo indican cinco (o más)
de los siguientes ítems:
(1) esfuerzos
frenéticos para evitar un abandono real o imaginado. Nota:
No incluir los comportamientos suicidas o de automutilación
que se recogen en el Criterio 5
(2) un patrón de relaciones interpersonales inestables e
intensas caracterizado por la alternancia entre los extremos
de idealización y devaluación
(3) alteración de la identidad: autoimagen o sentido de
sí mismo acusada y persistentemente inestable
(4) impulsividad en al menos dos áreas, que es potencialmente
dañina para sí mismo (p. ej., gastos, sexo, abuso de sustancias,
conducción temeraria, atracones de comida). Nota: No incluir
los comportamientos suicidas o de automutilación que se
recogen en el Criterio 5
(5) comportamientos, intentos o amenazas suicidas recurrentes,
o comportamiento de automutilación
(6) inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad
del estado de ánimo (p. ej., episodios de intensa disforia,
irritabilidad o ansiedad, que suelen durar unas horas y
rara vez unos días)
(7) sentimientos crónicos de vacío
(8) ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar
la ira (p. ej., muestras frecuentes de mal genio, enfado
constante, peleas físicas recurrentes)
(9) ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés
o síntomas disociativos graves
  
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